Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

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sábado, 10 de julio de 2010

¿Quién es mi prójimo?


Este domingo leemos el Evangelio del "buen samaritano". Pocos textos expresan con tanta claridad el sentido y el alcance del amor, de modo especial para quienes tienen su fe puesta en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. El relato surge como una respuesta de Jesús a una pregunta que busca una definición más precisa sobre quién es mi prójimo. El que hace la pregunta es alguien que conoce lo que dice la Sagrada Escritura: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10, 25-26).

Es la figura del prójimo la que puede dejar una duda acerca del alcance del mandamiento del amor. Hay que tener presente que para Jesús no se puede separar el amor al prójimo del amor a Dios, que es su fundamento. San Juan lo interpreta diciendo: "El que dice amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama su hermano a quien ve?" (1 Jn. 4, 20).
Es cierto que tenemos una relación mayor hacia quienes están unidos por lazos familiares y de amistad como de pertenencia social, incluso religiosa, pero el Señor con su respuesta nos abre a una dimensión que amplía esta primera mirada, aunque no la niega, y que podríamos expresarla diciendo que para Jesucristo: "todo hombre es mi hermano". No se niega lo primero, es decir, esa relación familiar y cercana, pero el relato del buen samaritano nos abre un camino nuevo que nos ayuda a no encerrarnos, a no hacer una "ideología", incluso de lo que es bueno. La ideología nos aísla, nos encierra y quita horizontes. Jesucristo rompe este marco estrecho y predica una nueva relación basada en la dignidad de todo hombre como hijo de Dios.
A partir de esto podemos comprender que el prójimo es el que está cerca, el que está próximo a mí, pero independientemente de su condición familiar o social, política o religiosa. Lo que vale en el otro es su condición de persona, de hijo de Dios. El samaritano así lo entendió y, por ello, actuó evangélicamente. Otra enseñanza que nos deja este relato es que el samaritano no sólo vio al que estaba herido en el camino, al igual que lo vieron los otros que pasaron y siguieron de largo, sino que el vio y se conmovió. Estamos acostumbrados a ver, pero no siempre a conmovernos por lo que vemos e involucrarnos. El solo ver no alcanza, hay muchas personas que ven y que pueden, incluso, explicar muy bien la realidad del que sufre, pero si este conocimiento no lleva a conmover su corazón, es decir, a hacer propio el dolor del otro y a sentir la responsabilidad de dar una respuesta, creo que no hemos comprendido el sentido y el compromiso frente a mi prójimo, según la enseñanza del buen samaritano.
Queridos amigos, deseándoles un buen domingo en su familia y con sus amigos, reciban junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

viernes, 9 de julio de 2010

¡FELIZ DÍA DE LA INDEPENDENCIA!


Que Nuestra Señora de Luján
nos guíe como nación
y nos proteja.

jueves, 8 de julio de 2010

¿Hay oraciones no escuchadas?

¿Es posible que Jesús nos haya enseñado que si pedimos, conseguiremos,
pero luego vemos que las cosas suceden de una manera muy distinta?

Hemos rezado, hemos suplicado, hemos invocado la ayuda de Dios. Por un familiar, por un amigo, por la Iglesia, por el párroco, por los agonizantes, por la patria, por los enemigos, por los pobres, por el mundo entero.

También hemos pedido por las propias necesidades: para vencer un pecado que nos debilita, para limpiar el corazón de rencores profundos, para conseguir un empleo, para descubrir cuál sea la Voluntad de Dios en nuestra vida.

Escuchamos o leemos casos muy hermosos de oraciones acogidas por Dios. Un enfermo que se cura desde las súplicas de familiares y de amigos. Un pecador que se convierte antes de morir gracias a las oraciones de santa Teresa del Niño Jesús y de otras almas buenas. Una victoria “política” a favor de la vida después de superar dificultades que parecían graníticas.

Pero otras veces, miles, millones de personas, sienten que sus peticiones no fueron escuchadas. No consiguen que Dios detenga una ley inicua que permitirá el aborto de miles de hijos. No logran que se supere una fuerte crisis ni que encuentren trabajo tantas personas necesitadas. No llevan a un matrimonio en conflicto a superar sus continuos choques. No alcanzan la salud de un hijo muy querido que muere ante las lágrimas de sus padres, familiares y amigos.

En el Antiguo Testamento encontramos varios relatos de oraciones “no escuchadas”. Uno nos presenta al pueblo de Israel antes de una batalla con los filisteos. Tras una primera derrota militar, Israel no sabía qué hacer. Decidieron traer al campamento el Arca de la Alianza. Los filisteos temieron, pero optaron por trabar batalla, y derrotaron a los judíos. Incluso el Arca fue capturada (cf. 1Sam 4,1-11).

Otro relato es el que nos presenta cómo el rey David suplica y ayuna por la vida del niño que ha tenido tras su adulterio con Betsabé. El hijo, tras varios días de enfermedad, muere, como si Dios no hubiera atendido las oraciones del famoso rey de Israel (cf. 2Sam 12,15-23).

El Nuevo Testamento ofrece numerosos relatos de oraciones escuchadas. Cristo actúa con el dedo de Dios, y con sus curaciones y milagros atestigua la llegada del Mesías. Por eso, ante la pregunta de los enviados de Juan el Bautista que desean saber si es o no es el que tenía que llegar, Jesús responde: “Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!” (Lc 7,22-23).

Pero también leemos cómo la oración en el Huerto de los Olivos, en la que el Hijo pide al Padre que le libre del cáliz, parecería no haber sido escuchada (cf. Lc 22,40-46). Jesús experimenta así, en su Humanidad santa, lo que significa desear y pedir algo y no “conseguirlo”.

Entonces, ¿hay oraciones que no son escuchadas? ¿Es posible que Jesús nos haya enseñado que si pedimos, conseguiremos (cf. Lc 11,1-13), pero luego vemos que las cosas suceden de una manera muy distinta?

En la carta de Santiago encontramos una pista de respuesta: “Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones” (Sant 4,3). Esta respuesta, sin embargo, sirve para aquellas peticiones que nacen no de deseos buenos, sino de la avaricia, de la esclavitud de las pasiones. ¿Cómo puede escuchar Dios la oración de quien reza para ganar la lotería para vivir holgadamente y con todos sus caprichos satisfechos?

Pero hay muchos casos en los que pedimos cosas buenas. ¿Por qué una madre y un padre que rezan para que el hijo deje la droga no perciben ningún cambio aparente? ¿Por qué unos niños que rezan un día sí y otro también no logran que sus padres se reconcilien, y tienen que llorar amargamente porque un día se divorcian? ¿Por qué un político bueno y honesto reza por la paz para su patria y ve un día que la conquistan los ejércitos de un tirano opresor?

Las situaciones de “no escucha” ante peticiones buenas son muchísimas. El corazón puede sentir, entonces, una pena profunda, un desánimo intenso, ante el silencio aparente de un Dios que no defiende a los inocentes ni da el castigo adecuado a los culpables.

Hay momentos en los que preguntamos, como el salmista: “¿Se ha agotado para siempre su amor? / ¿Se acabó la Palabra para todas las edades? / ¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, / habrá cerrado de ira sus entrañas?” (Sal 77,9-11).

Sin embargo, el “silencio de Dios” que permite el avance aparente del mal en el mundo, ha sido ya superado por la gran respuesta de la Pascua. Si es verdad que Cristo pasó por la Cruz mientras su Padre guardaba silencio, también es verdad que por su obediencia Cristo fue escuchado y ha vencido a la muerte, al dolor, al mal, al pecado (cf. Heb 5,7-10).

Nos cuesta entrar en ese misterio de la oración “no escuchada”. Se trata de confiar hasta el heroísmo, cuando el dolor penetra en lo más hondo del alma porque vemos cómo el sufrimiento hiere nuestra vida o la vida de aquellos seres que más amamos.

En esas ocasiones necesitamos recordar que no hay lágrimas perdidas para el corazón del Padre que sabe lo que es mejor para cada uno de sus hijos. El momento del “silencio de Dios” se convierte, desde la gracia de Cristo, en el momento del sí del creyente que confía más allá de la prueba.

Entonces se produce un milagro quizá mayor que el de una curación muy deseada: el del alma que acepta la Voluntad del Padre y que repite, como Jesús, las palabras que decidieron la salvación del mundo: “no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).


Fuente: catholic.net
Autor:P. Fernando Pascual LC

  • Preguntas o comentarios al autor


  • miércoles, 7 de julio de 2010

    Oremos por la Familia


    El Sr. Arzobispo, Mons. José María Arancedo, en comunión con otros Obispos del país, pide a todos intensificar la oración por la familia, especialmente en estos días.


    Transcribimos el texto completo de la carta.


    ARZOBISPADO DE SANTA FE DE LA VERA CRUZ


    La Familia es patrimonio de la humanidad.

    La Familia es elemento natural y fundamental de la sociedad.

    El futuro de la humanidad y de nuestra Patria argentina

    se cimientan en la Familia.

    (del Manifiesto entregado a los senadores)


    Santa Fe de la Vera Cruz, 6 de julio de 2010.


    Queridos hermanos:


    Como es del conocimiento de ustedes se encuentra en marcha el tratamiento legislativo en el ámbito del Senado de la Nación por el cual se autorizaría el matrimonio de personas del mismo sexo.

    Por ese motivo creo conveniente que, después de haber hecho escuchar nuestras voces junto con el pensamiento de numerosos creyentes de distintas confesiones sobre este asunto, intensifiquemos en estos días nuestra oración al Señor pidiendo que, por su Sabiduría, ilumine a quienes deben decidir en tema tan importante y de tanta trascendencia para nuestras familias y para nuestra sociedad.

    Les pido que en el ámbito de las familias, de las comunidades cristianas, de las escuelas religiosas, de los movimientos y grupos eclesiales se promuevan los ejercicios tradicionales de piedad (Misas, adoraciones, rosarios, vía crucis, etc.) y de penitencia (ofrecimiento de nuestros sufrimientos, privaciones voluntarias, ayuno, etc.) para que el Espíritu Santo ilumine y fortalezca a quienes deben velar por el bien de la familia y del matrimonio y que lo hagan de acuerdo a la recta razón y atentos al bien común de la misma sociedad.

    Reciban de su Obispo el cordial afecto y la bendición en el Señor Jesús y María Santísima de Guadalupe.


    Mons. José María Arancedo

    Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

    martes, 6 de julio de 2010

    Santa María Goretti, virgen mártir de la pureza


    Hoy celebramos a Santa María Goretti, una joven que vivió la virtud de la pureza hasta el heroísmo. Una santa que prefirió morir antes que ofender a Dios.

    Un poco de historia

    María nació el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona, Italia. Hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, tercera de siete hijos de una familia pobre de bienes terrenales pero rica en fe y virtudes, cultivadas por medio de la oración en común, rosario todos los días y los domingos Misa y sagrada Comunión. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen. A los seis años recibirá el sacramento de la Confirmación.


    Después del nacimiento de su cuarto hijo, Luigi Goretti, por la dura crisis económica por la que atravesaba, decidió emigrar con su familia a las grandes llanuras de los campos romanos, todavía insalubres en aquella época. Se instaló en Ferriere di Conca, poniéndose al servicio del conde Mazzoleni, es aquí donde María muestra claramente una inteligencia y una madurez precoces, donde no existía ninguna pizca de capricho, ni de desobediencia, ni de mentira. Es realmente el ángel de la familia.


    Tras un año de trabajo agotador, Luigi contrajo una enfermedad fulminante, el paludismo, que lo llevó a la muerte después de padecer diez días. Como consecuencia de la muerte de Luigi, Assunta tuvo que trabajar dejando la casa a cargo de los hermanos mayores. María lloraba a menudo la muerte de su padre, y aprovecha cualquier ocasión para arrodillarse delante de su tumba, para elevar a Dios sus plegarias para que su padre goce de la gloria divina.


    Junto a la labor de cuidar de sus hermanos menores, María seguía rezando y asistiendo a sus cursos de catecismo. Posteriormente, su madre contará que el rosario le resultaba necesario y, de hecho, lo llevaba siempre enrollado alrededor de la muñeca. Así como la contemplación del crucifijo, que fue para María una fuente donde se nutría de un intenso amor a Dios y de un profundo horror por el pecado. María desde muy chica anhelaba recibir la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le preguntó a su madre: -Mamá, ¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús. -¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un momento libre. -¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús! -Y, ¿qué quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña ignorante.


    Ante estas condiciones, María se comenzó a preparar con la ayuda de una persona del lugar, y todo el pueblo la ayuda proporcionándole ropa de comunión. De esta manera, recibió la Eucaristía el 29 de mayo de 1902. La comunión constante acrecienta en ella el amor por la pureza y la anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: -Mamá, iqué mal habla esa niña! -Procura no tomar parte nunca en esas conversaciones. -No quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría...Y la palabra morir queda entre sus labios. Un mes después, sucedería lo que ella sentenció.


    Al entrar al servicio del conde Mazzoleni, Luigi Goretti se había asociado con Giovanni Serenelli y su hijo Alessandro. Las dos familias viven en apartamentos separados, pero la cocina es común. Luigi se arrepintió enseguida de aquella unión con Giovanni Serenelli, persona muy diferente de los suyos, bebedor y carente de discreción en sus palabras.


    Después de la muerte de Luigi, Assunta y sus hijos habían caído bajo el yugo despótico de los Serenelli, María, que ha comprendido la situación, se esfuerza por apoyar a su madre: -Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando! Desde la muerte de su marido, Assunta siempre estuvó en el campo y ni siquiera tiene tiempo de ocuparse de la casa, ni de la instrucción religiosa de los más pequeños.


    María se encarga de todo, en la medida de lo posible. Durante las comidas, no se sienta a la mesa hasta que no ha servido a todos, y para ella sirve las sobras. Su obsequiosidad se extiende igualmente a los Serenelli. Por su parte, Giovanni, cuya esposa había fallecido en el hospital psiquiátrico de Ancona, no se preocupa para nada de su hijo Alessandro, joven robusto de diecinueve años, grosero y vicioso, al que le gusta empapelar su habitación con imágenes obscenas y leer libros indecentes.


    En su lecho de muerte, Luigi Goretti había presentido el peligro que la compañía de los Serenelli representaba para sus hijos, y había repetido sin cesar a su esposa: -Assunta, regresa a Corinaldo! Por desgracia Assunta está endeudada y comprometida por un contrato de arrendamiento.


    Después de tener mayor contacto con la familia Goretti, Alessandro comenzó a hacer proposiciones deshonestas a la inocente María, que en un principio no comprende. Más tarde, al adivinar las intenciones perversas del muchacho, la joven está sobre aviso y rechaza la adulación y las amenazas. Suplica a su madre que no la deje sola en casa, pero no se atreve a explicarle claramente las causas de su pánico, pues Alessandro la ha amenazado: -Si le cuentas algo a tu madre, te mato. Su único recurso es la oración.


    La víspera de su muerte, María pide de nuevo llorando a su madre que no la deje sola, pero, al no recibir más explicaciones, ésta lo considera un capricho y no concede ninguna importancia a aquella reiterada súplica. El 5 de julio, a unos cuarenta metros de la casa, están trillando las habas en la tierra. Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes.


    Lo hace girar una y otra vez sobre las habas extendidas en el suelo. Hacia las tres de la tarde, en el momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice: -"Assunta, ¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí?" Sin sospechar nada, la mujer lo hace. María, sentada en el umbral de la cocina, remienda una camisa que Alessandro le ha entregado después de comer, mientras vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado. -"¡María!, grita Alessandro. -¿Qué quieres? -Quiero que me sigas. -¿Para qué? -¡sígueme! -Si no me dices lo que quieres, no te sigo". Ante semejante resistencia, el muchacho la agarra violentamente del brazo y la arrastra hasta la cocina, atrancando la puerta.


    La niña grita, pero el ruido no llega hasta el exterior. Al no conseguir que la víctima se someta, Alessandro la amordaza y esgrime un puñal. María se pone a temblar pero no sucumbe. Furioso, el joven intenta con violencia arrancarle la ropa, pero María se deshace de la mordaza y grita: -No hagas eso, que es pecado... Irás al infierno. Poco cuidadoso del juicio de Dios, el desgraciado levanta el arma: -Si no te dejas, te mato. Ante aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar: -¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo.


    Creyéndola muerta, el asesino tira el cuchillo y abre la puerta para huir, pero, al oírla gemir de nuevo, vuelve sobre sus pasos, recoge el arma y la traspasa otra vez de parte a parte; después, sube a encerrarse a su habitación. María recibió catorce heridas graves y quedó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha matado... Venga. Casi al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente, que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María; dile que Teresina la llama.


    En aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible espectáculo que se presenta ante sus ojos, exclama: -¡Assunta, y tú también, Mario, venid! . Mario Cimarelli, un jornalero de la granja, trepa por la escalera a toda prisa.


    La madre llega también: -¡Mamá!, gime María. -¡Es Alessandro, que quería hacerme daño! Llaman al médico ya los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos, muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto.


    Al llegar al hospital, los médicos se sorprendieron de que la niña todavía no haya sucumbido a sus heridas, pues ha sido alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. Al diagnosticar que no tiene cura, llamaron al capellán. María se confiesa con toda claridad. Luego, durante dos horas, los médicos la cuidaron sin dormirla.


    María no se lamenta, y no deja de rezar y de ofrecer sus sufrimientos a la santísima Virgen, Madre de los Dolores. Su madre consiguió que le permitan permanecer a la cabecera de la cama. María aún tiene fuerzas para consolarla: -Mamá, querida mamá, ahora estoy bien... ¿Cómo están mis hermanos y hermanas? En un momento, María le dice a su mamá: -Mamá, dame una gota de agua. -Mi pobre María, el médico no quiere, porque sería peor para ti. Extrañada, María sigue diciendo: -¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua? Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo sed!, y entendió.


    El sacerdote también está a su lado, asistiéndola paternalmente. En el momento de darle la Sagrada Comunión, le preguntó: -María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino? Ella le respondió: -Sí, lo perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi lado... Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado.


    Pasando por momentos análogos por los que pasó el Señor Jesús en la Cruz, María recibió la Eucaristía y la Extremaunción, serena, tranquila, humilde en el heroísmo de su victoria. Después de breves momentos, se le escucha decir: "Papá". Finalmente, María entra en la gloria inmensa de la Comunión con Dios Amor. Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde.


    En el juicio, Alessandro, aconsejado por su abogado, confesó: -"Me gustaba. La provoqué dos veces al mal, pero no pude conseguir nada. Despechado, preparé el puñal que debía utilizar". Por ello, fue condenado a 30 años de trabajos forzados. Aparentaba no sentir ningún remordimiento del crimen tanto así que a veces se le escuchaba gritar: -"¡Anímate, Serenelli, dentro de veintinueve años y seis meses serás un burgués!".


    Sin embargo, unos años más tarde, Mons. Blandini, Obispo de la diócesis donde está la prisión, decide visitar al asesino para encaminarlo al arrepentimiento. -"Está perdiendo el tiempo, monseñor -afirma el carcelero-, ¡es un duro!" Alessandro recibió al obispo refunfuñando, pero ante el recuerdo de María, de su heroico perdón, de la bondad y de la misericordia infinitas de Dios, se deja alcanzar por la gracia. Después de salir el Prelado, llora en la soledad de la celda, ante la estupefacción de los carceleros. Después de tener un sueño donde se le apareció María, vestida de blanco en los jardines del paraíso, Alessandro, muy cuestionado, escribió a Mons. Blandino: "Lamento sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad.


    Pido perdón a Dios públicamente, y a la pobre familia, por el enorme crimen que cometí. Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra". Su sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará el puesto de hortelano en un convento de capuchinos, mostrando una conducta ejemplar, y será admitido en la orden tercera de san Francisco.


    Gracias a su buena disposición, Alessandro fue llamado como testigo en el proceso de beatificación de María. Resultó algo muy delicado y penoso para él, pero confesó: "Debo reparación, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión. Ella es una santa, una verdadera mártir.


    Es una de las primeras en el paraíso, después de lo que tuvo que sufrir por mi causa". En la Navidad de 1937, Alessandro se dirigió a Corinaldo, lugar donde Assunta Goretti se había retirado con sus hijos.


    Lo hace simplemente para hacer reparación y pedir perdón a la madre de su víctima. Nada más llegar ante ella, le pregunta llorando. -"Assunta, ¿puede perdonarme? -Si María te perdonó -balbucea-, ¿cómo no voy a perdonarte yo?" El mismo día de Navidad, los habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta.






    Oración

    Señor Dios, que eres fuerza de las almas inocentes y te complaces en los corazones limpios, tú que otorgaste a Santa María Goretti la palma del martirio en la edad juvenil, concédenos, por su intercesión, la constancia en tus mandamientos, así como a esta virgen le diste la victoria en el combate. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

    Fuente: EDD

    lunes, 5 de julio de 2010

    Manifiesto por el Matrimonio y la Familia


    Santa Fe, 1º de julio de 2010
    A los Sres. Senadores por la Provincia de Santa Fe
    Prof. Roxana I. Latorre, Don Carlos A. Reutemann, Ing. Rubén Giustiniani
    A las autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales de la Pcia. de Santa Fe
    PRESENTE

    Los ciudadanos del pueblo de Santa Fe, reunidos esta tarde frente al Palacio Legislativo de la provincia que los eligió senadores, manifestamos y proclamamos:

    1- La Familia es patrimonio de la humanidad. Cada persona se humaniza en la familia, y esa humanización es lo que le permite integrarse socialmente. El ser humano, sin la experiencia básica de una familia construida en un amor verdadero, puede quedar herido para siempre. Por ello es misión de los poderes públicos, de la sociedad en general y de cada uno de sus miembros, velar por la defensa de la Familia constituida sobre la unión de un varón y una mujer;


    2- La Familia es elemento natural y fundamental de la sociedad. Así lo reconocen los Tratados Internacionales. El Estado tiene el deber de protegerla, ayudarla y promoverla, ya que la Familia es la primer “escuela de humanización del hombres”, ámbito primero y primordial idóneo para la contención y el desarrollo de los niños;

    3- La complementariedad de los sexos que ofrecen el padre y la madre es esencial para la familia. Es indispensable para la transmisión de la vida y para la educación más fundamental, por cuanto ofrece el clima propicio de afecto y estabilidad, basada en un sólido compromiso y en la comunión de personas;

    4- El futuro de la humanidad y de nuestra Patria argentina se cimientan en la Familia. Como vaya la Familia irá la sociedad. Si se socaba la familia, si se la intenta devaluar, se corroe un pilar fundamental de nuestra sociedad. A una familia vigorosa, corresponderá una nación vigorosa. A una familia debilitada, una nación empobrecida;

    5- El matrimonio responde a un dato fundamental de la realidad humana: su condición sexuada. Se funda en el vínculo libre, permanente y exclusivo entre un varón y una mujer, en orden a la ayuda y entrega mutua, y a la procreación y educación de los hijos. El Matrimonio es origen de la familia, y en consecuencia célula básica de la sociedad humana. Su afirmación es un bien auténtico para toda la sociedad.

    6- El matrimonio no es fruto del arbitrio humano ni una construcción social. Por tanto no se puede reconfigurar según los intereses de grupos particulares. La evidencia histórico- empírica nos muestra que la diversidad y complementariedad sexual ha sido desde su origen, un requisito estructural del Matrimonio, para alcanzar sus fines. Pretender cambiar la naturaleza del matrimonio a través de una ley es ir en contra del hombre mismo, de la familia y de la sociedad toda;

    7- El aporte de la mujer al bienestar de la familia es único e irremplazable. Como manda la Convención sobre la eliminación de Discriminación contra la mujer, el Estado debe, a la hora de legislar, tener presente el gran y particular aporte de la mujer al desarrollo de la sociedad, y la importancia social de la maternidad. Por esto, el Estado debe evitar desvalorizar su misión específica, como ocurriría si se atenta contra la diversidad y complementariedad de los sexos en el matrimonio;

    8- Todas las personas tenemos igual dignidad. Por ello, rechazamos toda forma de agravio, insulto u ofensa por razones de sexo, religión, opinión política u orientación sexual. Al defender al matrimonio como unión permanente de un varón y una mujer no se discrimina a nadie, puesto que la ley establece los mismos requisitos y límites para todos, y no diferencia según la preferencia sexual del sujeto;

    9- En ninguna circunstancia y en ninguna ley se debe dejar de lado el derecho superior de los niños. Los hijos tienen el derecho a ser procreados naturalmente, y a ser educados bajo la tutela de un padre y una madre, varón y mujer, que los amen y los respeten. Tienen también, como consigna la Convención sobre Derechos del Niño, derecho a un desarrollo psico-sexual íntegro, que incluya los componentes diversos y complementarios de varón y mujer;

    10- Los niños no son instrumentos para satisfacer las necesidades de los adultos. Los niños en situación de abandono y desamparo, en vistas a su interés superior, tienen derecho a recibir mediante la promoción del Estado, aquello que por diversas circunstancias han perdido: un papá y una mamá que los ame, los eduque y contribuyan, en su diversidad complementaria, al íntegro desarrollo afectivo-emocional, mental, físico y espiritual.
    Como ciudadanos argentinos, en el Bicentenario de nuestra Patria:

    Nos COMPROMETEMOS firme y sinceramente con la defensa de la Familia, del Matrimonio fundado en la unión de la mujer y el varón, y el apoyo o desarrollo de todas las iniciativas promovidas por los representantes de nuestro pueblo, destinadas a su protección y promoción legal y social. Asimismo, repudiamos toda iniciativa o silencio cómplice que menoscabe, menosprecie o desvalorice dichas instituciones, teniéndolo en cuenta a la hora de ejercer nuestro sufragio para elegir a quienes nos representen.

    SOLICITAMOS a los Sres. Senadores tanto de nuestra provincia, como de todas las provincias de nuestra amada República a legislar teniendo conciencia de que en sus manos se juega el futuro de nuestro pueblo.
    En este tiempo en el que nuestra patria conmemora sus 200 años de vida, no podemos dejar de celebrar y defender aquello que la ha ennoblecido. A pesar de los avatares y momentos dolorosos de nuestra historia, el pueblo argentino debe sentirse orgulloso de haber preservado y acogido la vida, la Familia y el Matrimonio.
    Si deseamos una Nación fuerte, cimentada en la solidaridad, la fraternidad, el compromiso, la educación, el respeto, debemos fomentar y amparar el ámbito primero de desarrollo cívico- social de los niños: la Familia.
    No desechemos el legado de nuestros padres, no renunciemos a nuestro patrimonio, y no hipotequemos el futuro de nuestros hijos e hijas.


    Ciudadanos de Santa Fe

    domingo, 4 de julio de 2010

    Homilía Dominical

    14° Domingo del Tiempo Ordinario
    Lecturas
    Is 66, 10-14c
    Gal 6, 14-18
    Lc 10, 1-9


    El domingo pasado escuchábamos a Jesús que -mientras iba camino a Jerusalén- enviaba a sus apóstoles a preparar el camino. Hoy envía a otro grupo de discípulos denominados simplemente como "los setenta y dos" a los cuales expresamente se los menciona como distintos de los Apóstoles. Parecería que se trata de una primera indicación de la constitución plural de la comunidad de Jesús, donde no caben dudas de que hay una jerarquía (los Doce) pero también seguidores que tienen una responsabilidad y una misión a desempeñar. Tal vez en ellos podamos vernos nosotros, bautizados, incorporados al pueblo de Dios y llamados a participar en la construcción del Reino.

    Este es el tema central de la prédica y la obra del Señor: el "Reino" de Dios. Para que pudieran entenderlo Jesús tuvo que esforzarse en cambiar la mentalidad de sus seguidores, que tenían conceptos erróneos acerca de lo que debía ser el "Reino de Israel". No sólo la gente, sino también los discípulos y los mismos apóstoles, pensaban el Reino en categorías políticas, como si fuera una realidad comparable a los reinos de este mundo. Por ello constrastaba tanto -y a veces desilusionaba- la prédica y la misma persona de Jesús, que quería inculcar otra perspectiva. La novedad de la Buena Noticia está en que el Reino no depende del poder, sino del amor, de la entrega, del desprendimiento..., actitudes que el mismo Jesús vivió hasta el extremo. Por eso, el Reino se identifica con la persona de Jesús Resucitado: cuando en el Padrenuestro pedimos "que venga tu Reino" le estamos pidiendo a Dios Padre que venga Jesús a nuestra vida, a encontrarse con todo lo nuestro, con nuestra historia y todas sus circunstancias.

    De ahí que el discurso que escuchamos está encaminado a precisar estas ideas en el corazón de sus seguidores. Lo que les dice, tomando metáforas de su tiempo y de su cultura, es que el Reino no necesita acciones extraordinarias, sino un espíritu nuevo para hacer lo de siempre. El servidor del Reino no vive cosas distintas, sino de una manera diferente. Las actitudes del reino son la no violencia (como ovejas en medio de lobos), el desprendimiento de los bienes materiales (el dinero, las provisiones...). La recomendación de no detenerse a saludar por el camino parecería prevenir contra la actitud de los fariseos a quienes les gusta que los saluden en las plazas , así como la de aquellos que pierden libertad ante las relaciones sociales: en aquel tiempo se medía mucho quién saludaba a quién, como signo de honor y respeto, como expresión de vinculaciones que podían ser humanamente más o menos importantes. Jesús no dice que esto esté mal, sino pide que no te detenga, es decir, que no te quite libertad ni dinamismo. El hecho de comer lo que te sirvan es un signo de involucrarse con la historia y la suerte de los demás: la mesa y la comida en Israel son signo de compartir la vida. En definitia, el mensajero del Reino, el cristiano, está llamado a ser un hombre entre los hombres, a mezclarse con sus hermanos para ser sal y luz, levadura en la masa.

    Otro tema que destacan las lecturas de hoy es el de la alegría. Este es el signo más claro del Reino de Dios. Esta alegría es más que una emoción: es una actitud ante la vida. Tiene que ver con la creatura nueva de la que habla la segunda lectura. Jesús les enseña a sus discípulos de qué tienen que alegrarse: no del éxito humano que parecen haber tenido en su misión (somenten a los demonios!) sino de que sus nombres estén en el cielo. El nombre en la tradición bíblica expresa el destino de cada uno: nuestro destino es el Reino y la plenitud que éste significa. El mundo de hoy sufre por falta de alegría y felicidad. Tal vez tengamos que aprender que no es un fin en sí mismo que se pueda buscar directamente. Es más bien el fruto y la consecuencia inevitable de un estilo y una manera de vivir. Así como la sombra acompaña a quien se expone a la luz, también la alegría surge cuando hacemos lo que tenemos que hacer. Por el contrario, el que quiera atrapar su propia sombra terminará dando vueltas infrucutosamente sobre sí mismo. ¡Vivir sólo pensando en la felicidad individual es la forma más segura de no alcanzarla!

    P. Gerardo Galetto

    sábado, 3 de julio de 2010

    Sentido y verdad del matrimonio


    Este jueves se realizó en Santa Fe, como a lo largo de todo el país, una marcha significativa. Más allá de la importancia del número, se habló de varios miles de personas, lo que se vivió en un clima de respeto, sin agresiones ni descalificaciones, fue una manifestación a favor de una realidad que hace al estilo de vida y cultura de un pueblo. No fue una marcha contra nadie. Había jóvenes y adultos que se sintieron convocados a expresar sus convicciones.
    Se marchó para manifestar el significado de la institución del matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer ordenada a la vida, fundamento natural de la familia. Esta marcha quiso ser una expresión ciudadana sobre el valor del matrimonio, por ello, entiendo que su voz no puede ser desoída por quienes tienen la responsabilidad constitucional de legislar. El sentido de estas expresiones, que son un signo de participación del ciudadano en la vida de la democracia, ayuda e incluso puede corregir decisiones, en este caso considero apresuradas, de una formal representación política. Esto enriquece a la democracia, no la debilita. Por otra parte, quienes tienen la responsabilidad de ejercer la función de legislar, no deben olvidar el sentido pedagógico que tiene la ley para una comunidad.
    Creo oportuno volver a afirmar lo que dijimos en el Episcopado al referirnos a este tema. El Matrimonio no es: "una unión cualquiera entre personas; tiene características propias e irrenunciables, que hacen del matrimonio la base de la familia y de la sociedad". Agregábamos, luego que: "la unión de personas del mismo sexo carece de elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia. Está ausente en ella la dimensión conyugal y la apertura a la transmisión de la vida. En la vida familiar y en la relación con su padre y su madre, los niños descubren su propia identidad y alcanzan la autonomía personal". Alterar esta realidad es desconocer el sentido de la diversidad, hombre mujer, como su riqueza en la educación sexual del niño, por ello, concluíamos: "corresponde a la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la protección de las leyes, para asegurar y favorecer su función irreemplazable y su contribución al bien común de la sociedad" (CEA. 20/4/10).
    Hay un tema que siempre vuelve a aparecer como un argumento que confunde y debilita en muchos la libertad de oponerse. Se presenta con la fuerza de un argumento indiscutible, me refiero al tema de la discriminación. Constatar una diferencia real, decíamos, "no es discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestro Código Civil no discrimina cuando exige el requisito de ser varón y mujer para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad. Las situaciones jurídicas de interés recíproco entre personas del mismo sexo pueden ser suficientemente tuteladas por el derecho común". Así lo entienden la mayoría de los ordenamientos jurídicos en el mundo, sin el complejo de discriminar. Por el contrario, "sería una discriminación injusta contra el matrimonio y la familia otorgar al hecho privado de la unión entre personas del mismo sexo un estatuto de derecho público". Esta afirmación no es un juicio a las personas homosexuales, sino reconocer la verdad y el sentido de una institución que debe ser tutelada jurídicamente. La justicia no es dar a cada uno lo mismo, sino lo que corresponde. Un fallo reciente de la Corte Europea de Derechos Humanos ha determinado, refiriéndose a nuestro tema, que no es discriminatorio que un Estado no autorice un matrimonio del mismo sexo. No se niega la igual dignidad de toda persona, se define una realidad que tiene sus propias notas. Hay un igualitarismo que es ajeno a una sana tradición jurídica.
    Como vemos no se trata de un tema menor. Es más, en la lógica de estos planteos se suprimiría la palabra madre o esposa con toda su riqueza e identidad, para ser sustituidas por la de padres o contrayentes. El lenguaje es símbolo de la realidad significada. No es sólo una cuestión de terminología sino de conocer y nombrar la realidad. La ley positiva, como instrumento necesario en la vida de la sociedad, debe tener raíces en la misma verdad de las cosas, en este caso se trata de la diversidad y complementariedad del varón y la mujer ordenada a la vida; lo contrario sería desconocer una de las fuentes del mismo derecho. Es la condición humana la que necesita y reclama una ley que respete su verdad, oriente su libertad y tutele sus derechos. Estamos ante un tema que no puede quedar librado a presiones o apresuramientos legislativos, ni ser parte de la urgencia de una agenda política a través de circunstanciales mayorías parlamentarias. Por ello apelamos a nuestros legisladores para que, en una cuestión de tanta seriedad que hace y define el ordenamiento jurídico de la sociedad, tengan en cuenta estas verdades que deben ser la base de un ordenamiento justo. El noble ejercicio de la política, como necesaria mediación cívica al servicio del bien común, debe saber distinguir para legislar correctamente.
    Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Madre de Guadalupe.

    Mons. José María Arancedo
    Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

    viernes, 2 de julio de 2010

    Mutitudinaria marcha por la Familia


    Organizada por la Red-Pro familia, se realizó ayer la movilización "Matrimono= Varón y Mujer", que contó con una numerosa participación de ciudadanos. La misma fue convocada en pos de la “protección de la familia natural y los derechos de los niños a tener papá y mamá”.

    Más fotos, a la derecha del blog



    jueves, 1 de julio de 2010

    Santa Fe se pone de pie y hace escuchar su voz



    La Red Pro-Familia invita a toda la ciudadanía a participar de la marcha en defensa del Matrimonio = Varón y Mujer que se llevará a cabo hoy, jueves 1º de julio, a las 17 desde la plaza de las 3 Culturas hasta la Legislatura Provincial.

    Con la firme convicción de que, en el comienzo de la familia se sustenta la célula básica de la sociedad, se reúnen varios credos e instituciones de todo Santa Fe con el fin de participar en la protección de la familia natural y los derechos de los niños a tener papá y mamá.

    Adhieren a este convocatoria, el Consejo de Pastores Evangélicos, la Iglesia Católica y diversas ONG e instituciones de la provincia y la región.