Horarios de Misa
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.
Confesiones: después de Misa.
Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.
Secretaría Parroquial
Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.
CARITAS
Martes de 14 a 18 hs.

Nuestro Párroco
sábado, 22 de octubre de 2011
martes, 18 de octubre de 2011
San Lucas, evangelista

I. ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!1.
Hemos de agradecer hoy a San Lucas que sea para nosotros un buen mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, pues fue un fiel instrumento en manos del Espíritu Santo. Nos ha transmitido un precioso Evangelio y la historia de la primitiva cristiandad en los Hechos de los Apóstoles, movido por la gracia de la inspiración divina, pero a la vez con el esfuerzo humano de un trabajo bien hecho, pues la ayuda de Dios no suplanta lo humano. Él mismo nos indica que redactó su obra después de haberse informado con exactitud de todo desde los comienzos, y que lo hizo de forma ordenada2, no de cualquier manera. Esto le debió suponer buscar cuidadosamente fuentes de primera mano, muy probablemente la Virgen, los Apóstoles, incluso las mismas personas que aún vivían y que fueron protagonistas de los milagros, sucesos y narraciones... Nos señala expresamente que recoge esas noticias conforme nos las transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares3. Incluso su mismo estilo literario, como hace notar San Jerónimo4, indica la seguridad de las fuentes de las que se nutre. Gracias a este esfuerzo y a su correspondencia a las gracias que recibió del Espíritu Santo, hoy podemos leer, maravillados, los relatos de la infancia de Jesús, algunas bellísimas parábolas que solo él recoge, como la del hijo pródigo, la del buen samaritano, la del administrador infiel, la del pobre Lázaro y el mal rico... Propio también de San Lucas es el relato de los dos caminantes de Emaús, lleno de finura y acabado hasta en sus menores detalles.
Ninguno de los Evangelistas nos ha mostrado la misericordia divina para con los más necesitados como lo hace San Lucas. Resalta el amor de Jesús por los pecadores, quien declara que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido5, relata el perdón a la mujer pecadora6, el alojamiento en casa de un pecador como Zaqueo7, la mirada de Jesús que transforma el corazón de Pedro después de las negaciones8, la promesa del Reino al ladrón arrepentido9, la oración por los que le crucifican y le insultan en el Calvario10... Las mujeres y el empeño de Jesús por devolverles su dignidad, poco considerada en aquel tiempo, ocupan un lugar muy importante en su Evangelio: la viuda de Naín11, la pecadora arrepentida12, las mujeres galileas que ponen a disposición de Jesús sus bienes y van también en su seguimiento13, las visitas de Jesús a casa de las dos hermanas de Betania14, la curación de una mujer encorvada15, las mujeres de Jerusalén que dan a Jesús muestras de su compasión en el camino de la cruz16... son todas figuras nombradas y realzadas solo por este Evangelista.
Es mucho lo que hemos de agradecer hoy a San Lucas. «Eres el único -escribía el que más tarde había de ser el Papa Juan Pablo I en una carta figurada al Evangelista- que nos ofrece un relato del nacimiento e infancia de Cristo, cuya lectura escuchamos siempre con renovada emoción en Navidad. Hay, sobre todo, una frase tuya que me llama la atención: Envuelto en pañales fue reclinado en un pesebre. Esta frase ha dado origen a todos los belenes del mundo y a miles de cuadros preciosos»17. Ha permitido que acompañemos, tantas veces, a la Sagrada Familia en Belén y en su vida cotidiana entre sus paisanos de Nazareth.
También nosotros nos detenemos hoy a considerar la perfección humana con que debemos realizar nuestro trabajo, aunque nos parezca que quizá no tiene mucha trascendencia. Las obras bien hechas permanecen y resulta fácil ofrecerlas a Dios, que las acogerá como un don. El trabajo realizado con poco esfuerzo, sin interés, sin cuidar lo pequeño, no merece ser humano, y no permanecerá ni delante de Dios, ni de los hombres. Examinemos hoy cómo llevamos a cabo lo que tenemos entre manos, lo que debemos ofrecer cada día al Señor.
II. En el Evangelio de San Lucas encontramos la doctrina fundamental del Señor sobre la humildad, la sinceridad, la pobreza, la penitencia, la aceptación de la cruz cada día, la necesidad de ser agradecidos... El gran amor que tenemos a Nuestra Señora nos mueve hoy a dar gracias a este Santo Evangelista que supo presentar la grandeza y hermosura de su alma con una exquisita delicadeza. Por eso, se le dio desde muy antiguo el título de pintor de la Virgen18, y de ahí se pasó más tarde a que se le atribuyera la autoría de algunas tallas y pinturas de Nuestra Señora. En cualquier caso, el Evangelio de San Lucas es fundamental para el conocimiento y la devoción a la Virgen, y ha servido de inspiración a una buena parte del arte cristiano. Ningún personaje de la historia evangélica fuera, naturalmente, de Jesús es descrito con tanto amor y admiración como Santa María. Nos enseña, inspirado por el Espíritu Santo, los dones y la fiel correspondencia de la Virgen Santísima: es la llena de gracia, el Señor está con ella; concibió por obra del Espíritu Santo, siendo Madre de Jesús sin dejar de ser Virgen; íntimamente unida al misterio redentor de la Cruz, será bendecida por todas las generaciones, pues el Todopoderoso hizo en Ella grandes cosas. Con razón una mujer del pueblo alabó entusiasmada y de forma muy expresiva a la Madre de Jesús19. De la misma forma nos enseña la fidelísima correspondencia de la Virgen: recibe con humildad el anuncio del Arcángel acerca de su dignidad de Madre de Dios; acepta rendidamente los planes divinos; se apresura a ayudar a los demás... Por dos veces20 nos muestra a Nuestra Señora que ponderaba estas cosas en su corazón... Son conocimientos que solo la Virgen pudo transmitir en momentos en que abrió su intimidad.
En ese camino de las cosas bien hechas, acabadas con perfección, pidámosle a San Lucas dar a conocer a los demás la devoción a la Virgen, la riqueza casi infinita de su alma, como él lo hizo. Especialmente, en este mes de octubre, procuremos propagar esa devoción del Santo Rosario, que tantas gracias nos obtiene del Cielo.
III. Honremos la memoria de San Lucas contemplando la atrayente y alentadora figura del Salvador que nos pone delante. Y pidámosle, al leer y meditar los Hechos de los Apóstoles -el Evangelio del Espíritu Santo, como se le ha llamado-, la alegría y el espíritu apostólico de nuestros primeros hermanos en la fe que allí se refleja. Según una antigua costumbre cristiana, cuando alguien se encontraba en un apuro o en una duda abría al azar el Evangelio y leía el primer versículo encontrado. Muchas veces no se encontraba la respuesta adecuada, pero siempre se hallaba paz y serenidad; se había entrado en contacto con Jesús. Salía de Él una virtud que sanaba a todos21, comenta en cierta ocasión el Evangelista. Y esa virtud sigue saliendo de Jesús cada vez que entramos en contacto con Él. La obra de San Lucas, inspirada por Dios, nos enseña a mantener esa relación directa con el Señor, nos anima a acudir frecuentemente a su misericordia, a tratarle como al Amigo fiel que dio su vida por nosotros. A la vez, nos permite meternos de lleno en el misterio de Jesús, especialmente hoy, cuando tantas y tan confusas ideas circulan sobre el tema más trascendental para la Humanidad desde hace veinte siglos: Jesucristo, Hijo de Dios, piedra angular, fundamento de todo hombre. Ninguna lectura tiene la virtud de acercarnos tanto a Dios como la que está escrita bajo la misma inspiración divina. Por eso en el Santo Evangelio debemos aprender la ciencia suprema de Jesucristo22, como decía San Pablo a los Filipenses, «pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo»23.
El Evangelio debe ser el primer libro del cristiano porque nos es imprescindible conocer a Cristo; hemos de mirarlo y contemplarlo hasta conocer de memoria todos sus rasgos. «Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra, obras y dichos de Cristo, no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.»
El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.»
«Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?...” ¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.»
«Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. Así han procedido los santos»24.
San Lucas, que tantas veces meditaría los hechos que relata, nos enseñará a amar, como lo hacían los primeros cristianos, el Santo Evangelio. En él encontraremos «el alimento del alma, la fuente límpida y perenne de la vida espiritual»25.
1 Antífona de entrada, Is 52, 7.
2 Cfr. Lc 1, 3.
3 Lc 1, 2.
4 Cfr. San Jerónimo, Epístola 20, 4.
5 Lc 19, 10.
6 Lc 7, 36-50.
7 Lc 19, 1-10.
8 Lc 22, 61.
9 Lc 23, 42 ss.
10 Lc 23, 34.
11 Lc 7, 11-17.
12 Lc 7, 36-50.
13 Lc 8, 1-3.
14 Lc 10, 38-42.
15 Lc 13, 10-17.
16 Lc 23, 27-32.
17 A. Luciani, Ilustrísimos señores, BAC, 2.ª ed., Madrid 1978, pp. 234-235.
18 Eusebio, Historia Eclesiástica, II, 43.
19 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, introd. a San Lucas, pp. 706-707.
20 Lc 2, 19; 51.
21 Cfr. Mc 6, 56.
22 Flp 3, 8.
23 San Jerónimo, Comentarios sobre el Profeta Isaías, prol.: PL 24, 17.
24 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 754.
25 Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, 21.
domingo, 16 de octubre de 2011
"Nuevos evangelizadores para la nueva evangelización"

Benedicto XVI: El testimonio, junto al anuncio, puede abrir el corazón
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 16 de octubre de 2011 (ZENIT.org).-
Ofrecemos a continuación la homilía que Benedicto XVI pronunció este domingo durante la celebración eucarística de clausura del primer encuentro internacional de nuevos evangelizadores, que presidió en la Basílica vaticana.
***
Venerados Hermanos,
¡queridos hermanos y hermanas!
Con alegría celebro hoy la Misa para ustedes, que están comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelización. Esta Liturgia es la conclusión del encuentro que ayer los llamó a confrontarse en los ámbitos de esa misión y a escuchar algunos testimonios significativos. Yo mismo he querido presentarles algunos pensamientos, mientras hoy parto para ustedes el pan de la Palabra y de la Eucaristía, en la certeza –compartida por todos nosotros- de que sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. Jn 15,5). Estoy contento porque este congreso se sitúa en el contexto del mes de octubre, precisamente una semana antes de la Jornada Mundial de las Misiones: esto pone a la nueva evangelización en su justa dimensión, en armonía con la de la misión ad gentes.
Les dirijo un saludo cordial a todos ustedes, que han acogido la invitación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. En particular saludo y doy las gracias al Presidente de este Dicasterio de reciente institución, Mons. Salvatore Fisichella, y a sus colaboradores.
Vamos ahora a las lecturas bíblicas en las cuales hoy el Señor nos habla. La primera, extraída del Libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede colocarse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial, de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el Concilio Vaticano II ha transmitido en sus Documentos, y que mis Predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, han ilustrado con su Magisterio.
La segunda lectura es el inicio de la Primera Carta a los Tesalonicenses, y esto ya es muy sugerente, porque se trata de la carta más antigua que nos ha llegado del mayor evangelizador de todos los tiempos, el apóstol Pablo. Él nos dice ante todo que no se evangeliza de manera aislada: también él tenía de hecho como colaboradores a Silvano y Timoteo (cfr 1 Ts 1,1), y a muchos otros. E inmediatamente agrega otra cosa muy importante: que el anuncio debe estar siempre precedido, acompañado y seguido de la oración. Escribe de hecho: “En todo momento damos gracias a Dios por todos ustedes, recordándolos sin cesar en nuestras oraciones” (v. 2). El Apóstol se dice bien consciente del hecho de que los miembros de la comunidad no los ha elegido él, sino Dios: “fueron elegidos por él”, afirma (v. 4). Cada misionero del Evangelio debe siempre tener presente esta verdad: es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, llamando a las personas a la fe y a la comunión en la Iglesia. Finalmente, Pablo nos deja una enseñanza muy preciosa, extraída de su experiencia. Escribe: “Les fue predicado nuestro Evangelio no sólo con palabras sino también con poder y con el Espíritu Santo con plena persuasión” (v. 5). La evangelización para ser eficaz, necesita la fuerza del Espíritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa “plena persuasión” de la cual nos habla el Apóstol. Este término “persuasión”, “plena persuasión” en el original griego, es pleroforìa: un vocablo que no expresa tanto el aspecto subjetivo, psicológico, sino más bien la plenitud, la fidelidad, lo completo, en este caso del anuncio de Cristo. Anuncio que, para ser completo y fiel, necesita estar acompañado de signos, de gestos, como la predicación de Jesús. Palabra, Espíritu y persuasión -así entendida- son entonces inseparables y concurren a hacer así que el mensaje evangélico se difunda con eficacia.
Nos detenemos ahora en el pasaje del Evangelio. Se trata del texto sobre la legitimidad del tributo que hay que pagar al César, que contiene la célebre respuesta de Jesús: “Lo del César devuélvanselo al César, y lo de Dios a Dios” (Mt 22,21). Pero antes de llegar a este punto, éste es un pasaje que se puede referir a cuantos tienen la misión de evangelizar. De hecho, los interlocutores de Jesús –discípulos de los fariseos y herodianos- se dirigen a Él con una apreciación, diciendo: “Sabemos que eres veraz y enseñas el camino de Dios con franqueza y que no miras la condición de las personas” (v. 16). Y es precisamente esta afirmación, aun surgida de la hipocresía, la que debe llamar nuestra atención. Los discípulos de los fariseos y los herodianos no creen en lo que dicen. Lo afirman con una captatio benevolentiae para que los escuchen, pero su corazón está bien lejos de esa verdad; más bien quieren ponerle una trampa a Jesús para poder acusarlo. Para nosotros, en cambio, esa expresión es preciosa y verdadera: Jesús, en efecto, es verdadero y enseña el camino de Dios según la verdad y no está sujeto por nadie. Él mismo es este “camino de Dios”, que nosotros estamos llamados a recorrer. Podemos recordar las palabras de Jesús, en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6). Es iluminador al respecto el comentario de San Agustín: “era necesario que Jesús dijese: Yo soy el camino, la verdad y la vida” porque una vez conocido el camino faltaba conocer la meta. El camino conducía a la verdad, conducía a la vida… y ¿nosotros dónde vamos sino a Él? ¿y por qué camino vamos sino a través de Él? (In Ioh 69, 2). Los nuevos evangelizadores están llamados a caminar los primeros en este Camino que es Cristo, para hacer conocer a los demás la belleza del Evangelio que da la vida. Y en este Camino, no se camina nunca solos, sino en compañía: una experiencia de comunión y de fraternidad que se ofrece a cuantos encontramos, para hacer partícipes a los demás de nuestra experiencia de Cristo y de su Iglesia. Así, el testimonio, junto al anuncio, puede abrir el corazón de los están en busca de la verdad, para que puedan alcanzar el sentido de su propia vida.
Una breve reflexión también sobre la cuestión central del tributo al César. Jesús responde con un sorprendente realismo político, ligado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se paga, porque la imagen de la moneda es la suya; pero el hombre, todo hombre, lleva consigo otra imagen, la de Dios, y por tanto es de Él, y sólo de Él de quien cada uno es deudor de su existencia. Los Padres de la Iglesia, inspirándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del Emperador acuñada en la moneda del tributo, han interpretado este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del Libro del Génesis.
Un Autor anónimo escribe: “La imagen de Dios no está impresa en el oro sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad… por tanto, da tu riqueza al César, pero reserva a Dios la inocencia única de tu conciencia donde Dios es contemplado… El César, en efecto, ha impreso su imagen en cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que él ha creado, para reflejar su gloria” (Anónimo, Obra incompleta sobre Mateo, Homilía 42). Y San Agustín ha utilizado muchas veces esta referencia en sus homilías: “Si el César reclama su propia imagen impresa en la moneda –afirma-, ¿no exigirá Dios del hombre la imagen divina esculpida en él? (En. in Ps., Salmo 94, 2). Y aún: “Como se devuelve al César la moneda, así se devuelve a Dios el alma iluminada e impresa por la luz de su rostro… Cristo en efecto habita en el interior del hombre” (Ivi, Salmo 4, 8).
Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir solamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, recordar su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.
Precisamente para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un “Año de la fe” que ilustraré con una especial Carta apostólica. Este “Año de la fe” empezará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo.
Queridos hermanos y hermanas, ustedes están entre los protagonistas de la evangelización nueva que la Iglesia ha emprendido y lleva adelante, no sin dificultad, pero con el mismo entusiasmo de los primeros cristianos.
En conclusión, hago mías las expresiones del apóstol Pablo que hemos escuchado: agradezco a Dios por todos ustedes. Y les aseguro que los llevo en mis oraciones, consciente de su compromiso en la fe, su laboriosidad en la caridad y su constante esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Que la Virgen María, que no tuvo miedo a responder “sí” a la Palabra del Señor y, después de haberla concebido en su seno, se puso en camino llena de alegría y esperanza, sea siempre su modelo y su guía. Aprendan de la Madre del Señor y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valerosos; sencillos y prudentes; equilibrados y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con la de la verdad. Amén.
¡¡¡Muy Feliz Día a Todas las Madres!!!
Que María sea siempre nuestro modelo de mujer y madre.
¡¡¡MUY FELIZ DÍA!!!
Día de la madre

Este domingo celebramos el Día de la Madre. Una fecha que hace a nuestra vida y despierta, por lo mismo, sentimientos de afecto y gratitud. En ella somos hijos, con todo lo que significa de ser parte de una historia de amor que da sentido y sostiene nuestro presente y futuro. No podemos entendernos sin una referencia permanente a esa figura única. Cada uno sabrá en este día dar contenido a esta historia personal y expresarlo con palabras, gestos y oraciones.
Yo actualizaré en un recuerdo agradecido y en mi oración a quién le debo su amor y el cuidado del don de la vida. No se trata sólo de un sentimiento personal, la figura de la Madre es un bien que hace a la cultura de una sociedad. Esto significa que la maternidad debe ser valorada y recuperada por la sociedad.
Hoy las quiero homenajear en la figura de la Virgen María. Ella fue la mujer elegida por Dios para ser la madre de Nuestro Señor Jesucristo. La riqueza de su vida la conocemos por los evangelios que nos dan pequeñas señales de una presencia silenciosa, pero que sin ella nos faltaría esa pieza que nos permite acercarnos para escuchar y contemplar a Jesucristo. Aquella breve intervención en las Bodas de Caná, cuando nos dice: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5) refiriéndose a su Hijo, puede ser su mejor presentación, este es el estilo de ella. Luego, al pie de la cruz, su maternidad adquiere un significado universal en palabras del mismo Jesucristo cuando le dice: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”, y a nosotros: “Aquí tienes a tu madre” (Jn. 19, 26). Hemos sido encomendados a su cuidado maternal. Esto es parte de la Palabra de Dios.
Este encargo que María recibe de su Hijo adquirió un valor privilegiado en la vida y el sentimiento cristiano. Ella no ocupa el lugar de Jesucristo, pero nos orienta hacia él. Ya desde los primeros siglos, y en las diversas culturas en las que fue creciendo el cristianismo, la figura maternal de María fue despertando en el pueblo cristiano la certeza de una cercanía que marcó profundamente su devoción y su vida. Este hecho histórico religioso echó raíces y se hizo cultura en la vida de las diversas comunidades. Entre nosotros la presencia y devoción a la Virgen María fue creciendo en torno a la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. A ella la conocemos y la veneramos como Madre y Patrona de Santa Fe. Por ello, con sentimientos de dolor, desconcierto y repudio asistimos al retiro y posible destrucción de la venerada Imagen que fuera bendecida y entronizada en el Estadio Brigadier Estanislao López. No dudamos, dijimos, que Ella como Madre de todos, sabrá perdonar el error (o agravio) de quienes lo hayan cometido o permitido. Pero a nosotros, concluíamos, la gravedad objetiva de este hecho nos obliga a reparar el debido respeto y la auténtica devoción que merece la Imagen de Nuestra Madre.
Con este fin los invito y los espero para participar del acto de desagravio que realizaremos este domingo 16 de octubre, Día de la Madre, en la Santa Misa que presidiré en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe a las 19, 30. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
sábado, 15 de octubre de 2011
¡¡¡Venta de platos dulces!!!

los chicos de IAM, estarán vendiendo platos dulces,
a beneficio de un próximo viaje en verano.
;)
viernes, 14 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
Misa de desagravio

COMUNICADO del Sr. Arzobispo,
Mons. José María Arancedo
Para ser leído en todas las Parroquias, Capillas, Comunidades Educativas, Religiosas, Asociaciones y Movimientos Laicales
Ante el grave hecho del retiro y posible destrucción de la imagen entronizada de la Virgen de Guadalupe del Estadio "Brigadier López" del Club Colón, que se enmarca en la figura objetiva de profanación, el Sr. Arzobispo invita a todos los fieles a la Misa de desagravio que presidirá el próximo domingo 16 de octubre, Día de la Madre, a las 19, 30 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Además del valor testimonial de la presencia, se ha pensado en un gesto solidario a Nuestra Madre como signo del acto de reparación, consistente en pañales descartables para ser entregados en el Hospital de Niños "Dr. Orlando Alassia" y "Neonatologia del Hospital Dr. Iturraspe".
Se ruega dar difusión a esta convocatoria.
domingo, 9 de octubre de 2011
Homilía Dominical
Domingo XXIX del TO - Ciclo ALecturas
Is 25, 6-10
Flp 4, 12-14.19-20
Mt 22, 1-14
Pero además hace falta vivir en camino de reconciliación. No se puede gozar de una fiesta quedando aislado del resto de los participantes. Dios nos llama a un banquete de comunión de amor con Él y con los hermanos. Y cargando cada uno nuestra cruz, dejándonos perdonar y perdonando, hemos de recorrer el trayecto que nos lleve a acercarnos cada vez más a ellos.
Si verdaderamente nos estamos preparando para la fiesta su alegría empieza a actuar ya desde ahora en nuestros corazones impulsándonos a comunicarla. Hoy, Domingo de las Misiones, es una buena ocasión para descubrir si esta fuerza habita en nosotros. ¿Tendemos a compartir y a contagiar nuestra fe en el medio en que nos movemos, comenzando por los más cercanos?
Si por el contrario no nos estamos procurando la vestimenta adecuada, nos encontraremos cada vez más parecidos a los invitados que ponían excusas para rechazar la invitación: otras cosas nos resultarán más interesantes y hasta sentiremos rechazo por el mensajero que nos invita.
La Eucaristía es el sacramento de este Banquete celestial. Ella también nos exige prepararnos con traje apropiado. Si venimos dispuestos a gozar del amor que se nos brinda. Si venimos con deseos de reconciliarnos con Dios y con los hermanos que asisten con nosotros a la celebración. Entonces dejará de ser un espectáculo que observamos pasivamente para transformarse en la fiesta que, también gracias a nuestra participación con la atención el silencio y el canto, nos llena de entusiasmo y alegría para comunicarlos a los demás. Así, al salir, nos volveremos mensajeros en los cruces de los caminos para que a todos llegue la invitación a la fiesta eterna del amor de Dios.
Aborto, derecho y libertad

Cuando trato de comprender cuál es la razón última de quienes sostienen el aborto, llego a la conclusión de que se basan en un concepto del hombre y su libertad como algo absoluto, una suerte de un dios creador que no tiene límites. Parecería que las razones biológicas y científicas, que no dudan en hablar de vida humana desde el embrión, no son suficientes. Les cuesta reconocer esta realidad humana del embrión, es más, tratan de evitar que se presenten sus imágenes por la crudeza que tienen.
El no ver, parecería, tranquiliza la conciencia. Tampoco alcanzan las razones jurídicas, cuando se nos habla del derecho a la vida como el primer derecho del hombre y, por lo mismo, reclama ser tutelado por las leyes. No hay nada superior a la libertad del hombre entendida como un poder absoluto de decisión.
Habría, para esta postura pro aborto, una omnipotencia de la libertad personal que exime de toda referencia ética o jurídica que sea vinculante. Algunos lo justifican diciendo que esa vida aún no tiene voz propia, no es persona como nosotros, agregan. No es suficiente, para ellos, la verdad de un ser que está en camino y que, aún, necesita de ayuda. Lo que importa es la libre decisión de quién engendra y lo lleva, convirtiéndose en creadores, en pequeños dioses de algo que les es propio, y no necesita, ni admite, una tutela legislativa y jurídica. Es una suerte de creación, si es posible la comparación hablaría de una creación sin sentido de providencia o responsabilidad respecto a la vida engendrada. Puede parecer un tanto simple esta presentación, pero creo que es necesario plantearla en estos términos para comprender el fondo de la cuestión. Estamos ante la gravedad de una cuestión que define no sólo el valor único de una vida, sino el alcance gnoseológico y ético de una cultura. Campea como telón de fondo los principios de una filosofía de corte constructivista que, aunque no se lo exprese claramente, lleva necesariamente al planteo de una moral relativista, donde todo es posible.
No podemos dejar de pensar, ciertamente, en los problemas que puede plantear un embarazo para la mujer. No se trata de una actitud que no tenga en cuenta esta realidad, por el contrario hay que asumirla; lo que si marca una diferencia frente a esa postura es que estamos ante una vida nueva con sus exigencias y derechos. Este hecho requiere una cercanía y acompañamiento a la mujer tanto de la familia como de la sociedad, pero nunca es una actitud humana y responsable resolver el problema quitando una vida. Es importante buscar respuestas educativas y propositivas frente a esta realidad. ¡Cuántos niños hoy están creciendo con la alegría y gratitud de sus madres, porque han tenido la cercanía de personas que han sabido acompañarlas! Pienso en la obra silenciosa de Grávida, que es testimonio de un amor auténtico y responsable. El verdadero concepto de libertad, por otra parte, no es un límite a la grandeza del hombre, sino una condición necesaria que hace de la libertad un signo de su dignidad.
Reciban de su Obispo en este mes dedicado a la Familia, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz







