Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

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jueves, 17 de septiembre de 2009

"Sólo el amor de Dios nos abre el corazón a los demás"

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Y vos, ¿quién decís que soy?


Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos (Mc 8, 27). Y la historia no ha terminado aún de responderla. El que preguntaba era simplemente un aldeano que hablaba a un grupo de pescadores. Nada hacía sospechar que se tratara de alguien importante. Vestía pobremente. Él y los que lo rodeaban eran gente sin cultura, sin lo que el mundo llama "cultura". No poseían títulos ni lugares acomodados. No tenían dinero ni posibilidades de adquirirlo. No contaban con armas ni con poder alguno. Eran todos ellos jóvenes, poco más que unos muchachos, y dos de ellos -uno precisamente el que hacía la pregunta- morirían antes de dos años con la más violenta de las muertes. Todos los demás acabarían, no mucho después, en la cruz o bajo la espada. Eran, ya desde el principio y lo serían siempre, odiados por los poderosos. Pero tampoco los pobres terminaban de entender lo que aquel hombre y sus doce amigos predicaban. Era, efectivamente, un incomprendido.

Los violentos lo encontraban débil y manso. Los custodios del orden lo juzgaban, en cambio, violento y peligroso. Los cultos lo despreciaban y le temían. Los poderosos se reían de su locura. Había dedicado toda su vida a Dios, pero los ministros oficiales de la religión de su pueblo lo veían como un blasfemo y un enemigo del cielo. Eran ciertamente muchos los que le seguían por los caminos cuando predicaba, pero a la mayor parte les interesaban más los gestos asombrosos que hacía o el pan que les repartía que todas las palabras que salían de sus labios. De hecho todos lo abandonaron cuando sobre su cabeza rugió la tormenta de la persecución de los poderosos y sólo su madre y tres o cuatro amigos más lo acompañaron en su agonía.

La tarde de aquel viernes, cuando la losa de un sepulcro prestado se cerró sobre su cuerpo, nadie habría dado un centavo por su memoria, nadie habría podido sospechar que su recuerdo perduraría en algún sitio, fuera del corazón de aquella pobre mujer -su madre- que probablemente se hundiría en el silencio del olvido, de la noche y de la soledad.

Y sin embargo, veinte siglos después, la historia sigue girando en torno a aquel hombre. Los historiadores -aún los más opuestos a él- siguen diciendo que tal hecho o tal batalla ocurrió tantos o cuantos años antes o después de él. Media humanidad, cuando se pregunta por sus creencias, sigue usando su nombre para denominarse. Dos mil años después de su vida y muerte, se siguen escribiendo cada año más de mil volúmenes sobre su persona y doctrina. Su historia ha servido como inspiración para, al menos, la mitad de todo el arte que ha producido el mundo desde que él vino a la tierra. Y, cada año, decenas de miles de hombres y mujeres dejan todo -sus familias, sus costumbres, tal vez hasta su patria- para seguirlo enteramente, como aquellos doce primeros amigos.

¿Quién, quién es este hombre por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura y en cuyo nombre se han hecho también -¡ay!- tantas violencias? Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en boca de millones de agonizantes, como una esperanza, y de millares de mártires, como un orgullo. ¡Cuántos han sido encarcelados y atormentados, cuántos han muerto sólo por proclamarse seguidores suyos! Y también -¡ay!- ¡cuántos han sido obligados a creer en él con riesgo de sus vidas, cuántos tiranos han levantado su nombre como una bandera para justificar sus intereses o sus dogmas personales! Su doctrina, paradójicamente, inflamó el corazón de los santos y las hogueras de la Inquisición.

¿Quién es, pues, este personaje que parece llamar a la entrega total o al odio frontal, este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y cuyo nombre -o cuya falsificación- produce frutos tan opuestos de amor o de sangre, de locura magnífica o de vulgaridad? ¿Quién es y qué hemos hecho de él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego o es opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que adormila? ¿Quién es? ¿Quién es? Pienso que el hombre que no ha respondido a esta pregunta puede estar seguro de que aún no ha comenzado a vivir. Gandhi escribió una vez: "Yo digo a los hindúes que su vida será imperfecta si no estudian respetuosamente la vida de Jesús". ¿Y qué pensar entonces de los cristianos -¿cuántos, Dios mío?- que todo lo desconocen de él, que dicen amarlo, pero jamás lo han conocido personalmente?

Y es una pregunta que urge contestar porque, si él es lo que dijo de sí mismo, si él es lo que dicen de él sus discípulos, ser hombre es algo muy distinto de lo que nos imaginamos, mucho más importante de lo que creemos. Porque si Dios ha sido hombre, se ha hecho hombre, gira toda la condición humana. Si, en cambio, él hubiera sido un embaucador o un loco, media humanidad estaría perdiendo la mitad de sus vidas.

Conocerlo no es una curiosidad. Es mucho más que un fenómeno de la cultura. Es algo que pone en juego toda nuestra existencia. Porque con Jesús no ocurre como con otros personajes de la historia. Que César pasara el Rubicón o no lo pasara, es un hecho que puede ser verdad o mentira, pero que en nada cambia el sentido de mi vida. Que Carlos V fuera emperador de Alemania o de Rusia, nada tiene que ver con mi salvación como hombre. Que Napoleón muriera derrotado en Elba o que llegara siendo emperador al final de sus días no moverá hoy a un solo ser humano a dejar su casa, su comodidad y su amor y marcharse a hablar de él a una aldea del corazón de África.

Pero Jesús no, Jesús exige respuestas absolutas. Él asegura que, creyendo en él, el hombre salva su vida e, ignorándolo, la pierde. Este hombre se presenta como el Camino, la Verdad y la vVda (Jn 14, 6). Por tanto -si esto es verdad- nuestro camino, nuestra vida, cambian según sea nuestra respuesta a la pregunta sobre su persona. ¿Y cómo responder sin conocerle, sin haberse acercado a su historia, sin contemplar los misterios de su alma, sin haber leído y releído sus palabras?

J. L. Martín Descalzo: Vida y misterio de Jesús de Nazaret.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Exaltación de la Santa Cruz

La cruz es la gloria y exaltación de Cristo

De los sermones de san Andrés de Creta, obispo

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a Aquél que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.

Oración

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.


domingo, 13 de septiembre de 2009

Homilía Dominical

24º Domingo del Tiempo Ordinario
Lecturas
Is 50, 5-9a
St 2, 14-18
Mc 7, 27-35

El Evangelio proclamado es un ejemplo del método que utilizaba Jesús cuando tenía que explicar algún tema difícil a sus discípulos. El tema difícil es la cruz, la renuncia, la muerte. La Palabra de Dios nos invita a encontrar la grandeza del Señor en toda nuestra vida, aunque a veces resulte difícil encontrar esta grandeza en la cruz.

Cuando Jesús habla del tema, lo hace para revelar el amor de Dios hasta el extremo. Por su entrega hasta las últimas consecuencias, también el dolor y el sufrimiento son una oportunidad para amar más, a Él y a los hermanos. El mensaje de la cruz no es "sufrí" sino "amá hasta el extremo". No vivas para vos mismo, encerrado en tus propios intereses, no hagas de tu propio yo el centro del mundo, no creas que podés salvarte solo: "el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la entregue por mí la salvará."

Y el método de Jesús para llevar a los discípulos a esta sabiduría aparece claro en los primeros versículos. Jesús no impone una respuesta, sino que suscita una pregunta. ¿Quién dice la gente que soy yo? Interroga sobre la realidad, sobre lo que dice la gente común, sobre las opiniones y esperanzas del pueblo.

Ayuda saber que en aquel momento el pueblo de Israel -sometido al imperio romano- vivía un momento de gran inquietud religiosa, cultural y política. Todos esperaban que sucediera algo distinto a lo que vivían todos los días. Esperaban la liberación. Querían un líder que los rescatara de la opresión. Es decir, anhelaban al Mesías prometido.

Pero el mesianismo de aquel entonces era un mesianismo político, basado en estrategias de poder, en la fuerza y en el esplendor humanos. La respuesta de la gente sobre Jesús -"sos Juan el Bautista, sos Elías o un profeta"- revela que el pueblo no veía en Cristo esas actitudes. La persona y enseñanza del Señor no tenían nada que ver con esa salvación esplendorosa. El mesianismo de Jesús se realiza en la entrega de amor por nosotros. En la humildad, en la mansedumbre, en la misericordia.

Tampoco los discípulos lo entendieron tan rápido. ¡Ellos también pensaban como la gente de su época! ¡Ellos también estaban ilusionados con una salvación humana! El mismo Pedro tiene que ser corregido por Jesús cuando quiere apartarlo de la cruz. La respuesta de Jesús a Pedro es una invitación constante a que toda la Iglesia ponga su confianza en el Evangelio y no solamente en estrategias humanas, políticas o de cualquier tipo.

Y por último, participemos nosotros también de este diálogo. ¿Qué dicen de Jesús en mi ambiente, en mi lugar de trabajo, en mi familia? ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi proyecto de vida?
Y demos un paso más: Jesús también nos dirige la pregunta en primera persona: "para vos ¿quién soy yo?" Esta pregunta de Jesús nos invita hoy a replantearnos las respuestas que le hemos dado hasta ahora: tal vez hayamos acertado pero, como Pedro, no terminemos de entender todo lo que significa el encuentro con Cristo.

P. Gerardo Galetto

Evangelio Ilustrado

¡Yo quiero seguir a Jesús!

Evangelio según San Marcos (8, 27-35)

(Clickear sobre la imagen para ver tamaño completo)

Fuente: Club Net | Amigos de Jesús

San Juan Crisóstomo

El Crisóstomo
Patrón de los Predicadores


Educado por su madre, santa Antusa, Juan, quien nació en Antioquía probablemente en el año 349, en sus años juveniles llevó una vida monástica en su propia casa.

Después, cuando murió la madre, se retiró al desierto en donde estuvo durante seis años, y los últimos dos los pasó en un retiro solitario dentro de una cueva con perjuicio de su salud. Fue llamado a la ciudad y ordenado diácono, luego pasó cinco años preparándose para el sacerdocio y para el ministerio de la predicación. Ordenado sacerdote por el obispo Fabián, se convirtió en celoso colaborador en el gobierno de la Iglesia antioquena. La especialización pastoral de Juan era la predicación, en la que sobresalía por sus cualidades oratorias y su profunda cultura. Pastor y moralista, se preocupaba por transformar la vida de sus oyentes más que por exponer teóricamente el mensaje cristiano.

En el año 398 Juan de Antioquía fue llamado a suceder al patriarca Netario en la célebre cátedra de Constantinopla. En la capital del imperio de Oriente emprendió inmediatamente una actividad pastoral y organizativa que suscita admiración y perplejidad: evangelización en los campos, fundación de hospitales, procesiones antiarrianas bajo la protección de la policía imperial, sermones encendidos en los que reprochaba los vicios y las tibiezas, severas exhortaciones a los monjes perezosos y a los eclesiásticos demasiado amantes de la riqueza. Los sermones de Juan duraban más de dos horas, pero el docto patriarca sabía usar con gran pericia todos los recursos de la oratoria, no para halagar el oído de sus oyentes, sino para instruir, corregir, reprochar.

Juan era un predicador insuperable, pero no era diplomático y por eso no se cuidó contra las intrigas de la corte bizantina. Fue depuesto ilegalmente por un grupo de obispos dirigidos por Teófilo, obispo de Alejandría, y desterrado con la complicidad de la emperatriz Eudosia. Pero inmediatamente fue llamado por el emperador Arcadio, porque habían sucedido varias desgracias en palacio. Pero dos meses después era nuevamente desterrado, primero a la frontera de Armenia, y después más lejos a orillas del Mar Negro.

Durante este último viaje, el 14 de septiembre del 407, murió. Del sepulcro de Comana, el hijo de Arcadio, Teodosio el Joven, hizo llevar los restos del santo a Constantinopla, a donde llegaron en la noche del 27 de enero del 438 entre una muchedumbre jubilosa.

De los numerosos escritos del santo recordamos un pequeño volumen, "Sobre el Sacerdocio", que es una obra clásica de la espiritualidad sacerdotal.

El sobrenombre de Crisóstomo, es decir "pico de oro", le fue dado a Juan por los bizantinos en el siglo VI, debido a la elocuencia de su expresión.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Encuentro Arquidiocesano de Catequistas

Catequistas,
formadores de discípulos misioneros

Este domingo 13 de septiembre, de 8.30 a 17 hs., se realizará el quinto Encuentro Arquidiocesano de Catequistas, en el gimnasio del colegio Nuestra Señora de Lourdes, ubicado en Agustín Delgado 3870.

“La actividad está destinada a todos los catequistas de la arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz que trabajan en el acompañamiento de la fe en el camino de la iniciación cristiana a adultos, jóvenes, adolescentes, jóvenes, familias y personas con capacidades diferentes”, consignó el padre Hugo Dalla Fontana, director de la Junta Arquidiocesana de Catequesis.

La actividad es organizada por la Junta Nacional de Catequesis, bajo el lema: “Catequistas formadores de discípulos misioneros”.

FORTALECIMIENTO

“Este encuentro es muy importante porque reúne a los catequistas que constituyen una de las mayores fuerzas evangelizadoras de la Iglesia. Su tarea es la de acompañar los procesos de fe de aquellos que aún no han sido iniciados como cristianos católicos, para que se inserten vivamente en el misterio de Jesucristo y participen activamente en la comunidad eclesial que es origen, camino y meta de la catequesis”, explicó el sacerdote.

“La catequesis contribuye al fortalecimiento interno de la comunidad eclesial y a su expansión misionera".

“Cada año se abordan diferentes temáticas que contribuyen a la formación de los catequistas, brindándoles elementos para su tarea pastoral. A la vez, es una ocasión propicia para que catequistas de diferentes modalidades (catequesis familiar, para bautismos, catequesis para adultos, jóvenes, adolescentes, niños, personas con capacidades diferentes, en riesgo, etc.) y procedentes de distintos lugares (las ciudades y el campo) puedan compartir experiencias, encontrarse, conocerse y crecer”, detalló.

“Todos los catequistas están invitados a participar del encuentro, en el que contaremos con la presencia de nuestro Pastor, Mons. José María Arancedo, quien presidirá la Eucaristía para culminar el mismo. ".

Asumir las carencias y el dolor del hermano

COLECTA MÁS POR MENOS

Como todos los años la Iglesia nos invita, en el segundo domingo de Septiembre, a participar de la Colecta Más por Menos, que tiene por finalidad despertar nuestra solidaridad hacia quienes menos tienen. Esto nos habla de comunión, es decir, el otro, aunque no lo conozca, no es un extraño,. Es alguien, es una persona, y desde la fe es mi hermano. Creo que esta Colecta tiene un profundo sentido de ayuda, pero sobre todo de docencia, que nos eleva moral y espiritualmente.

No damos sólo cosas, en este caso dinero, sino que asumimos en la medida de nuestras posibilidades las carencias y el dolor de mi hermano.

Este gesto quiebra y transforma en el corazón del hombre, los límites de una actitud individualista que nos encierra en nosotros mismos. La caridad, en cuanto nos abre al otro, nos sana y libera.

A la Colecta de este año la haremos bajo el lema: “Más solidaridad por Menos exclusión”. No es el momento a ponernos a discutir sobre los índices de pobreza en nuestro país, sabemos que la pobreza existe y está muy cerca de nosotros, casi diría que no necesitamos de estadísticas, sólo tenemos que caminar y abrir los ojos. En un sentido diría que no existe la pobreza, existen pobres que tienen un rostro y nos dirigen su mirada. La pobreza puede ser un tema ético y político, que podemos abordar desde diversos enfoques, pero el pobre siempre será un tema evangélico. Por ello, para la Iglesia, la cercanía con el pobre no es una estrategia o un sentimiento ocasional, sino un acto de fidelidad a Jesucristo. Él tuvo preferencia por los pobres. Una Iglesia que no asuma y comprometa su voz y su acción al servicio del pobre, no es un signo claro de la presencia de Jesucristo.

Frente a esta realidad de la pobreza no podemos quedarnos en una actitud de conocimiento y de explicación del hecho, sino que debemos asumir un protagonismo que nos permita mitigar sus efectos y devolver la esperanza a tantos hermanos nuestros que hoy son víctimas de este flagelo. Esta expresión la usó el Santo Padre en la carta que nos enviara motivando la participación en esta colecta. Él nos decía que debemos superar “el flagelo de la pobreza”. Sabemos que la pobreza, desgraciadamente, engendra más pobreza y esto lleva a la marginalidad. Se dice con fundamento estadístico, que la mayoría de los argentinos no logró superar las condiciones de vida de sus padres. Este país es nuestra querida Patria, a la que le debemos lo mejor de nosotros para elevar el nivel de vida de todos sus hijos.

La fuerza del lema está en acrecentar la solidaridad, que tiene que ver tanto con la justicia como con la caridad. La caridad no suple a la justicia, por ello hay un deber insoslayable de la sociedad política frente a la pobreza, la caridad, les decía, perfecciona a la justicia porque para ella no es sólo distribuir equitativamente los bienes, sino elevar a esa persona en su dignidad plena de hijo de Dios. Con cuánta alegría y gratitud la gente recibe la ayuda de la Colecta Más por Menos, porque ven en ella un gesto de solidaridad y de amor, que les permite superar no sólo las condiciones de exclusión sino recuperar la esperanza. Cada año esta Colecta se convierte en un gesto creciente de presencia de los argentinos junto al dolor de la pobreza, y en la promoción de diversos proyectos que elevan la condición de vida de nuestros hermanos.

Invitándolos a ser generosos en esta nueva edición de la Colecta de Más por Menos, les hago llegar junto a mi afecto y oración, mi bendición de Padre y amigo.



Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

viernes, 11 de septiembre de 2009

Los obispos convocan a la solidaridad



Varios obispos convocaron a ser generosos con la cuadragésima colecta anual Más por Menos que, organizada por la Comisión Episcopal de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas, está prevista para los días 12 y 13 de setiembre, con el lema “Más solidaridad por menos exclusión”.



El objetivo de la campaña es crear una mayor cultura solidaria, sensibilizar acerca de que siempre se puede dar aunque se tenga poco y contribuir de algún modo a que menos gente sea excluida, descartada de la sociedad.

Mensajes de algunos obispos

* Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján: “En la Argentina hay una profunda inequidad con muchos recursos por un lado y muchas necesidades por el otro. Esta colecta es un gesto que busca que estas dos realidades puedan encontrarse. Más por menos significa brindar auxilio para que la Iglesia pueda llegar a todos con su mensaje de vida y su amor solidario”.

* Mons. Adolfo Uriona, obispo de Añatuya: “Es nuestro más ferviente deseo aportar como Iglesia Católica un ‘granito de arena’ en la lucha contra la exclusión en nuestro país. Es una gran oportunidad que nos regala la Providencia de Dios para expresar lo mejor que llevamos dentro: la solidaridad”.

* Mons. Fernando Maletti, de San Carlos de Bariloche: “Es una respuesta eclesial al clamor de tanta gente que, en silencio o con ruidos, clama por ser incluida no sólo en el ámbito de las respuestas sociales y de promoción humana, sino también en el amplio abanico de lo pastoral. El lema de este año –‘más solidaridad por menos exclusión’- dice mucho: es un llamado a no cerrar los ojos, ni el corazón, ni el bolsillo”.

* Mons. Ricardo Faifer, de Goya: “Cuanto más numerosa sea la red de mujeres y hombres fraternos y solidarios, tanto más será el número de los incluidos en el banquete de la vida digna, y habrá menos víctimas de la exclusión social. Se requiere ampliar los horizontes de la caridad haciéndose cargo del prójimo en necesidad, y responsabilizarse de la obra evangelizadora de la Iglesia que dignifica y plenifica la persona humana”.

* Mons. Marcelo Palentini, de Jujuy: “No basta ‘sentir lástima’ del hermano que sufre, hay que tener ‘entrañas de misericordia' como Jesús que ‘tuvo compasión’ por su pueblo que sufría. Y esto quiere decir ‘sufrir con el otro’, sentir en carne propia el sufrimiento del hermano que no es un número para una estadística, sino una persona con nuestros mismos derechos y con nuestra misma dignidad”.

* Mons. Juan Martínez, de Posadas: “Como cristianos nunca podremos desentendernos de ningún hermano y menos aún de aquellos que están excluidos, presos, tienen hambre, no tienen la posibilidad de trabajar o carecen de un trabajo digno, están enfermos, de los niños pobres y los que padecen la soledad. La clave está en la caridad que es la gran enseñanza que nos deja el Señor. Por eso la solidaridad cristiana no es meramente un gesto altruista, sociológico, estadístico, sino que se fundamenta en la caridad”.

* Mons. Marcelo Martorell, de Puerto Iguazú: “La pobreza material es una realidad que implica muchas exclusiones que siempre terminan menoscabando la dignidad de las personas. Para disminuir la pobreza hacen falta soluciones técnicas, proyectos políticos que busquen las mejores soluciones. Pero sobre todo hace falta más solidaridad. Hacen falta muchos corazones solidarios y generosos, sobre todo en estos momentos en que muchas personas no pueden satisfacer sus necesidades mínimas. Ser solidarios no sólo desde la oración y desde la preocupación, sino desde la generosidad concreta”.

* Mons. Oscar Sarlinga, de Zárate-Campana: “El Señor no se deja ganar en generosidad. Más que una frase, puede ser un programa de vida. Más por Menos constituye un medio eficaz para promover la solidaridad, virtud proveniente de la caridad, al punto que es como la ‘caridad social’ y una manera muy concreta de ‘hacer de nuestra Iglesia una casa y escuela de comunión”.

Los frutos de la colecta se distribuirán entre 25 diócesis muy necesitadas divididas en cinco niveles de prioridad, para construir viviendas por ayuda mutua, microemprendimientos laborales y comedores comunitarios, entre otros proyectos.

Fuente: AICA

jueves, 10 de septiembre de 2009

40º Colecta Anual Más por Menos

12 y 13 de septiembre

MÁS SOLIDARIDAD
X MENOS EXCLUSIÓN

Un granito de arena en la lucha contra la exclusión


“Es nuestro más ferviente deseo aportar como Iglesia Católica un ‘granito de arena’ en la lucha contra la exclusión en nuestro país”, dijo el presidente de la Comisión Episcopal de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas, monseñor Adolfo Uriona, obispo de Añatuya, al convocar a ser generosos con la cuadragésima colecta anual Más por Menos, prevista para los días 12 y 13 de setiembre en todo el país, con el lema “Más solidaridad por menos exclusión”.

Tras recordar que esta iniciativa solidaria tuvo como mentor a monseñor Jorge Gottau, primer obispo de Añatuya, consideró que la campaña es “una gran oportunidad que nos regala la Providencia de Dios para expresar lo mejor que llevamos dentro: la solidaridad”.

El prelado aseguró que la exclusión social en el país “nos duele mucho y obliga a preguntarse: ¿cómo es posible que en la Argentina, bendecida por Dios con innumerables recursos, haya, a su vez, tantos excluidos?”, e insistió en que frente a esta situación, la colecta Más por Menos es “un medio eficaz para promover la solidaridad y una manera muy concreta de hacer de nuestra Iglesia una casa y escuela de comunión”.

Monseñor Uriona concluyó “pidiendo que la Virgen mueva los corazones de muchas personas de buena voluntad, con mejores posibilidades económicas, creyentes o no, a fin de que, con su generoso aporte, sean instrumentos de bien para los más necesitados”.

Formas de colaborar

El administrador de la colecta, Luis Porrini, puntualizó que además de la colecta en templos se reciben donaciones mediante depósito o transferencia bancaria (cuenta corriente N 00013892/9, del Banco Santander Río, casa central, CUIT 30-51731290-4, CBU 0720000720000001389290).

También mediante el sistema de débito con tarjetas de crédito (Visa, Mastercard, American Express y Diners); personalmente o por correo, en efectivo o a través de cheques o giros a nombre de la Conferencia Episcopal Argentina, en la sede de la Comisión, Suipacha 1032 (C1008AAV); o en cualquier sucursal de la red Pago Fácil, con la sola presentación del DNI.

El organismo episcopal recordó además que las donaciones son deducibles del impuesto a las Ganancias.

Informes:

TE: (011) 4394-2065
Correo electrónico
colectamaspormenos@infovia.com.ar
Página de Internet
www.colectamaspormenos.com.ar