Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

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sábado, 11 de diciembre de 2010

Evangelio Ilustrado


¡Jesús viene en camino!

Evangelio según San Mateo (11, 2-11)


(Clickear sobre la imagen para ver tamaño completo)

La fe y el testimonio


En el camino de Adviento la Iglesia nos presenta la figura de Juan el Bautista como el testigo que anuncia la venida del Señor. Juan, señalando a Jesús, nos dice: "Este es el Cordero de Dios" (Jn. 1, 29). La fe se apoya en el testimonio de aquel que ha visto. Juan es el último profeta enviado por Dios para preparar el camino de su Hijo. Jesucristo se nos presenta de un modo personal como presencia de Dios.

Cuando el apóstol Felipe le dice: "Señor, muéstranos al Padre…", Jesús le responde "el que me ha visto, ha visto a mi Padre. ¿Cómo dices: Muéstranos al Padre?... Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí" (Jn. 14, 8-11). Por ello la fe, para un cristiano, se apoya en este testimonio único y definitivo de Jesucristo que nos revela, con su palabra y sus obras, lo que ha visto y recibido junto a su Padre. La fe en Dios se apoya en la palabra y vida de Jesucristo, que la Iglesia conserva y nos trasmite.

Este es el sentido de la Iglesia: ser en el tiempo y en la historia presencia del mensaje y de la vida de Jesucristo para los hombres. La Iglesia, como el cristiano, que nacen de ese testimonio único de Jesucristo, tiene que ser para el mundo testigo que trasmite esta verdad. El testimonio es un elemento que hace a la credibilidad de la predicación del Evangelio. Esto supone no sólo un acto de fe en la verdad que se trasmite, sino una coherencia de vida con el contenido de esa fe. Los primeros cristianos decían: "Porque la Vida (que existía junto al Padre) se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos y se la anunciamos" (1 Jn. 1, 1-3). La coherencia de la vida cristiana con la fe recibida, es el mayor testimonio que necesita el Evangelio. Por ello la conversión debe ser una actitud permanente en la Iglesia y en la vida de cada cristiano. La solidez de la verdad de la fe, no nos exime de vivir el evangelio de la humildad y la misericordia. La santidad será siempre el mayor testimonio de una fe vivida.

El testimonio engendra confianza. Esto se refiere, también, a nuestras relaciones personales como sociales. Creo que la crisis en Argentina es de confianza. La confianza necesita apoyarse en el testimonio del otro. Hay una suerte de devaluación de la palabra que nos lleva a desconfiar lo que escuchamos. A algunos esto los lleva a encerrarse y no creer, a otros adherirse con cierto voluntarismo a promesas que escuchan. Ambas actitudes debilitan el crecimiento social y político de una comunidad. Actitud crítica sin compromiso sería la primera, militancia acrítica la segunda. Recuperar la confianza es una urgencia en la vida de la sociedad. Necesitamos discernir sobre el contenido de una propuesta, pero también apoyarnos en el testimonio y coherencia moral de quién la presenta. Decir que nuestra crisis tiene raíces morales, es un llamado a recuperar el valor de la palabra, del testimonio y la coherencia en todos los niveles de la sociedad.

Que en este Adviento dediquemos un tiempo a reflexionar sobre el significado del testimonio y la importancia de la coherencia en nuestras relaciones personales, familiares y sociales. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús.


Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

viernes, 10 de diciembre de 2010

Invitación a las familias de la Parroquia



"Cada hogar, un Nazaret.
Cada familia, una Sagrada Familia."

 Nazaret: Escuela, Taller y Templo.

Los esperamos mañana, sábado 11 de diciembre, a la reunión organizada por el equipo de Pastoral del Matrimonio y la Familia, que se realizará en el patio de la Parroquia, después de la Misa (21 hs. aproximadamente).


¡Jesús viene en camino!

"Vayan y cuenten a Juan el Bautista lo que ven y oyen:
los ciegos ven y los paralíticos caminan,
los leprosos quedan limpios y los sordos oyen,
los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva."
Mt 11, 4-5

jueves, 9 de diciembre de 2010

Juan Bautista, el precursor

Juan Bautista, el precursor
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Les aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él. Desde que apareció Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos pretenden apoderarse de él. Pues todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo acepten o no, él es Elías, el que tenía que venir. El que tenga oídos, que oiga». Mt 11, 11-15



Juan Bautista aparece en el Evangelio como la figura del hombre que precede a Cristo. Y no cabe duda de que la misión de Juan Bautista, la misión de preparar el camino del Redentor, la misión de precursor se encaja en su vida como algo que él tiene que vivir, que tiene que aceptar.

La vocación de Juan Bautista no se da simplemente por el hecho de que Dios llama a su vida; también se da, se cuaja, se fecunda, se madura porque, con su libertad, Juan Bautista acepta esta misión. Ya su padre Zacarías había hablado de su misión cuando Juan es llevado a circuncidar. Zacarías dice que ese niño “será llamado Profeta del Altísimo porque irá delante del Señor a preparar sus caminos, para anunciar a su pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados”.

Esta es la misión del precursor, ser el hombre que va delante del Señor, que prepara sus caminos y que anuncia el gran don que es el perdón de los pecados. Lo que hace grande a Juan es que la misión que Dios le propone, él la lleva a cabo. Y el hecho de que sea el precursor, de alguna manera, se convierte para Juan Bautista no sólo en un motivo de gloria para él, sino que también se convierte en el modo en el que él llega a nuestras vidas.

También en cada uno de nosotros se realiza una misión semejante. En cierto sentido, cada uno de nosotros es un precursor, es un hombre o una mujer que va delante en el camino de la Redención. Todos estamos llamados, al igual que Juan Bautista, a realizar, a llevar a cabo nuestra misión.

¿Hasta qué punto valoramos la misión que se nos encomienda? ¿Sabemos apreciar el don que hemos recibido? Un don que, como dirá Zacarías, no es otra cosa sino “el Sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte y para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”. Ese es el don que recibimos, el don que Cristo viene a traer.

Pero, el don que Cristo viene a traer, lo trae a través de otras personas, a través de precursores. ¿Yo valoro el don de Cristo, el don que yo puedo dar a mis hermanos? ¿Me doy cuenta de la inmensa riqueza que supone para mi vida, pero también la inmensa riqueza que supone para los demás? Cuántos hombres —como dirá también Zacarías— viven en manos de sus enemigos y en manos de todos los que los aborrecen. Cuántos hombres y mujeres son atacados, denigrados, humillados, hundidos, manipulados.

Y sin embargo, la misericordia de Dios tiene que llegar a sus vidas. Pero ¿cómo va a llegar si no hay nadie que lo proclame, si no hay nadie que vaya delante del Señor para preparar sus caminos y anunciar a su pueblo la salvación? ¿Cuántos corazones no podrán encontrarse con Cristo en esta Navidad?

En estos días en que nos estamos preparando de una forma más intensa para el Nacimiento de Nuestro Señor, tendríamos que preguntarnos ¿cuántos corazones, por mi omisión, por mi falta de delicadeza, por mi falta de preocupación, quedarán sin encontrarse con Dios? ¿Cuántos corazones en las familias, cuántos corazones en el ámbito laboral y social no van a saber que Cristo nace para ellos y por ellos? ¿No va a haber nadie que se los enseñe, no va a haber nadie que les predique el camino de la Salvación?

¿Podremos ser tan egoístas como para cerrar el conocimiento de la salvación a los demás? Nuestro corazón no puede pensar tanto en sí mismo como para olvidarse del don que tiene para dárselo a otro. Es una tarea que tenemos que hacer; pero no la podemos hacer si no valoramos primero el don que podemos tener en nuestras manos, si no somos nosotros los que acogemos, los que recibimos el don de Dios. Un don que tiene que vivirse, que tiene que manifestarse, de una manera muy especial, a través de nuestro testimonio de vida; un don que no es tanto la teoría y consejos que podemos decir a los demás, sino sobre todo, lo que nosotros estamos haciendo con nuestra vida.

¡De qué poco nos serviría decir que valoramos mucho el don de Cristo que viene en esta Navidad si no lo transmitiéramos, si no lo diéramos a los demás! ¡De qué poco serviría que dijéramos que queremos ser estos profetas del Altísimo que van delante del Señor para preparar sus caminos, si nuestra vida no se transforma, si nuestra vida no recibe esa visita de Dios, si nuestra vida no quiere ser recibida por Cristo nuestro Señor! No se puede, es imposible. Antes que redimir a otros, debo redimir mi corazón, debo cambiar mis actitudes, debo cambiar mi comportamiento. Tengo que ser el primer redimido. Tengo que redimir mi corazón, tengo que cambiar mis actitudes, tengo que ser el primero que acepta a Cristo como el que me salva de mis pecados, como el que me salva de mis fragilidades.

Jesús en el Evangelio dice: “El que tenga oídos para oír, que oiga”, que es una forma hebrea de decir que quien esté dispuesto, quien quiera, que escuche mi palabra. Pero hay una cosa muy clara, ninguno de nosotros entrará en el camino de la paz que Zacarías profetiza cuando ve a su hijo, si no somos capaces de oír lo que Dios nos pide, el cambio concreto que Dios pide a cada uno.

Fuente: catholic.net

miércoles, 8 de diciembre de 2010

«Alégrate, llena de gracia»

"¡Alégrate, llena de Gracia,
porque el Señor está contigo!"


Comentario del Evangelio por:

San Epifanio de Salamina (+403), obispo
Homilía nº 5; PG 43, 491.494.502


¿Cómo hablar? ¿Qué elogio podré yo hacer de la Virgen gloriosa y santa? Ella está por encima de todos los seres, exceptuando a Dios; es, por naturaleza, más bella que los querubines y todo el ejército de los ángeles. Ni la lengua del cielo, ni la de la tierra, ni incluso la de los ángeles sería suficiente para alabarla. ¡Bienaventurada Virgen, paloma pura, esposa celestial, templo y trono de la divinidad! Tuyo es Cristo, sol resplandeciente en el cielo y sobre la tierra. Tú eres la nube luminosa que hizo bajar a Cristo; Él, el rayo resplandeciente que ilumina al mundo.

Alégrate, llena de gracia, puerta de los cielos; es de ti que habla el Cantar de los Cantares cuando exclama: «Tú eres huerto cerrado, hermana mía, esposa mía, huerto cerrado, fuente sellada (4,12)... Santa Madre de Dios, cordera inmaculada, de ti ha nacido el Cordero, Cristo, el Verbo encarnado en ti... ¡Qué sorprendente maravilla en los cielos: una mujer, revestida de sol (Ap 12,1), llevando la luz en sus brazos! Qué asombrosa maravilla en los cielos: el Señor de los ángeles hecho hijo de la Virgen. Los ángeles acusaban a Eva; ahora llenan de gloria a María porque ella ha levantado a Eva de su caída y hace entrar en los cielos a Adán echado fuera del Paraíso.

Es inmensa la gracia concedida a esta Virgen santa. Por eso Gabriel, le dirige primeramente este saludo: «Alégrate, llena de gracia», resplandeciente como el cielo. «Alégrate, llena de gracia», Virgen adornada con toda clase de virtudes. «Alégrate, llena de gracia», tú sacias a los sedientos con la dulzura de la fuente eterna. Alégrate, santa Madre inmaculada; tú has engendrado a Cristo que te precede. Alégrate, púrpura real; tú has revestido al rey de cielo y tierra. Alégrate, libro sellado; tú has dado al mundo poder leer al Verbo, el Hijo del Padre.

La Inmaculada Concepción de María

Inmaculada Concepción
de Murillo

Todo lo que se refiere a la Santísima Virgen María es un maravilloso misterio. Como la primera y más importante de las prerrogativas suyas es su condición de ser Madre de Dios, todo lo que deriva de ello -el haber nacido "Inmaculada", es decir, preservada de la mancha del pecado original, por ejemplo- es una consecuencia de su especialísima e irrepetible situación en medio de los hombres.

De hecho, en un tiempo concreto, justo en 1854, el papa Pío IX, de modo solemne y con todo el peso de su autoridad suprema recibida de Jesucristo, afirmó que pertenecía a la fe de la Iglesia Católica que María fue concebida sin pecado original. Lo hizo mediante la bula definitoria Ineffabilis Deus donde se declaraba esa verdad como dogma de fe.

Poco a poco fue descubriéndolo en el andar del tiempo y atendiendo a los progresos de la investigación teológica, al mejor conocimiento de las ciencias escriturísticas, a lo que era realidad viva en el espíritu y vida de los católicos y después de consultado el sentir del episcopado universal.

No es en ningún momento un gesto debido al capricho de los hombres ni a presiones ambientales o conveniencias económicas, políticas o sociales por las que suelen regirse las conductas de los hombres. No. Es más bien la fase terminal y vinculante de un largo y complejo proceso en que se va desarrollando desde lo más explícito y directo hasta lo implícito o escondido y siempre al soplo del Espíritu Santo que asiste a la Iglesia por la promesa de Cristo. Por tanto, la definición dogmática no es la creación de una verdad nueva hasta entonces inexistente, sino la confirmación por parte de la autoridad competente de que el dato corresponde al conjunto de la Revelación sobrenatural. Por eso, al ser irreformable ya en adelante, asegura de manera inequívoca las conciencias de los fieles que al profesarla no se equivocan en su asentimiento, sino que están conforme a la verdad.

El libro del Génesis, la Anunciación de Gabriel trasmitida en el tercer evangelio, Belén donde nace el único y universal Redentor, El Calvario que es Redención doliente y el sepulcro vacío como triunfante se hacen unidad para la Inmaculada Concepción.

Los Santos Padres y los teólogos profundizaron en el significado de las palabras reveladas: "pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya", y en los hechos; relacionaron las promesas primeras sobre un futuro Salvador, descendencia de la mujer, que vencería en plenitud al Maligno con aquellas palabras lucanas -"llena de gracia"- salidas del ángel Gabriel. Compararon a la Eva, madre primera de humanidad pecadora y necesitada de redención, con María, madre del redentor y de la humanidad nueva y redimida. Pensaron en la redención universal y no podían entender que alguien -María- no la necesitara por no tener pecado. Con los datos revelados en la mano se estrujaron sus cabezas para entender la verdad universal del pecado original transmitido a todo humano por generación. Jugaron con las palabras "Eva" -del Génesis-, y "Ave" -del Nuevo Testamento-, ambas del único texto sagrado, viendo en el juego maternidad analógica por lo común y lo dispar. Vinieron otros y otros más hablando de la dignidad de María imposible de superar; el mismo pueblo fiel enamorado profesaba la conveniencia de falta de mancha en Ella, pero aún quedaban cabos sin atar. Salió algún teólogo diciendo: "¡imposible!", y otro, sutil, que hilaba muy fino, afirmó que mejor es prevenir que curar la enfermedad para afirmar que la redención sí era universal y María la mejor redimida.

Solucionadas las aparentes contradicciones de los datos revelados que ataban todos los cabos sueltos y comprendido cuanto se puede entender en la proximidad del misterio, sólo quedaba dar la razón de modo solemne a la firme convicción de fieles y pastores en el pueblo de Dios que intuía, bajo el sereno soplo del Espíritu, que por un singular privilegio la omnipotencia, sabiduría y bondad infinitas de Dios habría aplicado, sin saber cómo, los inagotables méritos del Hijo Redentor a su Santísima Madre, haciéndola tan inocente desde el primer instante de su concepción, como lo fue después y para siempre, por haberla amado más que a ninguna otra criatura y ser ello lo más digno por ser la más bella de todo lo que creó. Así lo hizo, aquel 8 de diciembre, el papa Pío IX cuando clarificó para siempre el significado completo de "llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre".

Mientras los teólogos estudiaban y discutían todos los pormenores, los artistas tomaron la delantera, sobre todo los españoles Murillo, Ribera, Zurbarán, Valdés Leal y otros; también no españoles como Rubens o Tiepolo. Ponían en sus impresionantes lienzos a la Inmaculada con túnica blanca y manto azul, coronada de doce estrellas, que pisaba con total potestad y triunfo la media luna y la humillada serpiente.

La devoción a la Inmaculada Concepción es uno de los aspectos más difundidos de la devoción mariana. Tanto en Europa como en América se adoptó a la Inmaculada Concepción como patrona de muchos lugares.

María tiene un lugar muy especial dentro de la Iglesia por ser la Madre de Jesús. Sólo a Ella Dios le concedió el privilegio de haber sido preservada del pecado original, como un regalo especial para la mujer que sería la Madre de Dios y madre Nuestra.

Con esto, hay que entender que Dios nos regala también a cada uno de nosotros las gracias necesarias y suficientes para cumplir con la misión que nos ha encomendado y así seguir el camino al Cielo, fieles a su Iglesia.

Hay quienes dicen que María fue una mujer como cualquier otra y niegan su Inmaculada Concepción. Dicen que esto no pudo haber sido posible, que todos nacimos con pecado original. En el Catecismo de la Iglesia Católica podemos leer acerca de la Inmaculada Concepción de María en los números 490 al 493.

Para saber más, consultá: Fiesta de la Inmaculada Concepción de María


Himno

I

De Adán el primer pecado
No vino en vos a caer;
Que quiso Dios preservarte
Limpia como para Él.

De vos el Verbo encarnado
Recibió humano ser,
Y quiere toda pureza
Quien todo puro es también.

Si Dios es autor de las leyes
Que rigen la humana grey,
Para engendrar a su madre
¿no pudo cambiar la ley?

Decir que pudo y no quiso
Parece cosa cruel,
Y, si es todopoderoso,
¿con vos no lo habrá de ser?

Que honrar al hijo en la madre
Derecho de todos es,
Y ese derecho tan justo,
¿Dios no lo debe tener?

Porque es justo, porque te ama,
Porque vas su madre a ser,
Te hizo Dios tan purísima
Como Dios merece y es.
Amén

Oración

Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, danos por su intercesión la gracia de llegar a Vos limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Celebraciones y actividades para el mes de diciembre


08/12/10
20 hs. Misa de la Inmaculada Concepción de María



FIESTAS PATRONALES


Triduo

  • Jueves 16/12/10
19.00 hs. Rezo del Santo Rosario Misionero

19.30 hs. Misa por las vocaciones sacerdotales y las misiones barriales

  • Viernes 17/12/10
19.00 hs. Rezo del Santo Rosario

19.30 hs. Misa por los enfermos y ancianos de la comunidad

  • Sábado 18/12/10
19.00 hs. Procesión por las calles de la zona

20.00 hs. Misa Patronal por las familias de la comunidad

21.00 hs. Cena en el patio de la Parroquia - Reservar tarjetas en Secretaría Parroquial


El domingo 19 de diciembre no habrá Misa a las 10 hs.

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19/12/10 20.00 hs. Pesebre viviente y actuación del Coro Arquidiocesano

21/12/10 19.00 hs. Pesebre viviente en el templo parroquial a cargo de colaboradores de Cáritas para los abuelos asistidos

22/12/10 Misión en zona de El Bañado

23/12/10 Pesebre y bautismos en la Capilla "Ángeles Custodios" de El Bañado

24/12/10 21.00 hs. Misa de Nochebuena

25/12/10 20.00 hs. Misa de Navidad

26/12/10 10.00 hs. Misa en honor de la Sagrada Familia

29/12/10 Misión en zona de La Vía Muerta

30/12/10 Pesebre viviente y bautismos en la Capilla San Cayetano

31/12/10 20.00 hs. Misa de Santa María Madre de Dios

1/1/11 20.00 hs. Misa de Santa María Madre de Dios

2/1/11 10.00 hs. Misa Dominical

A partir del domingo 9 de enero se agrega la celebración de Misa vespertina los días domingos a las 20 hs.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Homilía Dominical

Domingo II de Adviento - Ciclo A

Lecturas

Is 11, 1-10
Rm 15, 1-9
Mt 3, 1-12


En este camino del Adviento resuena hoy la voz de Juan el Bautista, que exhorta al arrepentimiento, a preparar el camino del Señor. Bautiza con agua pero anunciando al que viene a bautizarnos con el Espíritu.

¿Cómo entender esta conversión que nos pide? Sabemos que el Espíritu es el que obra en nosotros la plenitud del arrepentimiento, el dolor verdadero de nuestros pecados. Ése que experimentamos delante de la misericordia infinita de Dios que quiere encontrarnos a toda costa como hijos. Pero esto exige de nuestra libertad una preparación, el descubrimiento de que nuestra manera vieja de vivir no sólo significa rechazo y herida de este Amor tan grande sino que tampoco nos hace bien, es un obstáculo para vivir una fecundidad a la que estamos llamados, para dar los frutos que nos harán felices.

Se acercan a Juan los fariseos y saduceos a los que trata duramente llamándolos raza de víboras. Creo que ellos nos pueden ayudar a comprender esa manera vieja de vivir que tenemos que aborrecer para preparar la venida de Jesús a nosotros.

Los primeros eran la clase observante, los que cumplían al detalle la Ley de Moisés. Pero precisamente ésto mismo se había convertido para algunos en ocasión de equivocar el modo de relacionarse con Dios y con los demás. Con Dios se trataba de "cumplir" para sentirse salvados por sus méritos. Con los demás demostraban la jactancia de saberse superiores. El Espíritu que trae Jesús choca contra estas actitudes. Es fuego del Amor misericordioso del Padre que requiere de nosotros pequeñez para poner sólo en Él la esperanza de la salvación. Y no le interesa el cumplimiento sino una respuesta de amor que nos capacita para entregarnos también nosotros por la salvación de los demás y no para sentirnos superiores.

Los saduceos eran la clase aristocrática, sacerdotal, que ponían su orgullo en tener por padre a Abraham. Así también la relación con Dios terminaba fundándose en algo externo, creando una élite genética que excluía a muchos de la salvación. El Espíritu con el que Jesús nos bautiza es incompatible con estas posturas. Viene a establecer lazos no genéticos, de carne y de sangre, sino de corazones, de gracia y de amor. Es también universal y ajeno al individualismo. Es ofrecido a todos y nos enseña a gustar de tener muchos hemanos y a preocuparnos porque todos entren a formar parte de la nueva familia que Dios quiere realizar con todos los hombres.

Queridos hermanos, en la cercanía de la fiesta de la Inmaculada Concepción, nuestra Madre, la Virgen María, es un buen espejo donde podemos ver perfectamente reflejadas estas actitudes nuevas que el Espíritu quiere sembrar en nosotros para hacernos, como a Ella, muy fecundos en buenos frutos. La Virgen no se jacta de sus méritos sino que alaba al Dios que ha mirado su pequeñez. Y el mismo Jesús le va a pedir que no se refugie en derechos genéticos:"¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?..." Por eso nos la va a entregar en la cruz, para que su maternidad alcance a todos los que quieran cumplir la voluntad del Padre, a todos los que deseen tener un corazón de hijo como el de Jesús. Madre Inmaculada, en este Adviento en el que esperamos renovar nuestro encuentro con tu Hijo, ¡ruega por nosotros!

¡Ven Señor Jesús!


"¡Preparen el camino del Señor!"


P. Daniel Gazze

Evangelio Ilustrado


¡Ya viene Jesús:
preparen el camino!


Evangelio según San Mateo (3, 1-12)


(Clickear sobre la imagen para ver tamaño completo)