Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

_______________________________________________________

:: Homilías ::

(Clickear sobre la Biblia para leer las lecturas)


_____________________________________________

jueves, 31 de diciembre de 2009

Informe Económico - Diciembre 2009

Publicamos el Informe Económico del mes de agosto de 2009.

Gracias a todos por su generosa colaboración.



A B C
1 INFORME ECONOMICO MES: DICIEMBRE DE 2009
2


3 I N G R E S O S

4 Colectas Misas $ 3,323.40
5 Donaciones

6 Sostenimiento del culto (2%) $ 805
7


8 TOTAL $ 4,128.40
9


10 E G R E S O S

11 Gastos de Secretaría $ 171
12 Gastos Sacristía $ 230
13 Sueldos $ 330
14 Sostenimiento Culto

15 Arzobispado 1/3 $ 268
16 Varios:Material arreglo membrana atrio. Mate

17 Material y mano de obra galería $ 3,128.20
18 TOTAL $ 4,127.20
19



miércoles, 30 de diciembre de 2009

Por fin Ana ve a Dios en el Templo

Simeón y Ana, ven cumplida la promesa de Dios

Lc 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño, se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.


Reflexión

Como resumiendo todo el período de la infancia de Jesús, se nos dice que Él estaba “sometido” a sus padres y que “progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2,51-52). Durante la mayor parte de su vida, Jesús compartió la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios, vida en la comunidad (cf. CIC n. 531). No siempre recordamos esto, pero lo que más distinguió a Jesús fue su vida familiar. En cambio, a menudo consideramos sólo su vida pública.

Si Jesucristo nos ha redimido tanto con su vida oculta de Nazaret como con sus escasos tres años de predicador itinerante, entonces, los 30 años que pasaba detrás del portal de la casa sencilla de Nazaret no fueron menos fecundos. Lo manifiesta también la frase del Evangelio: “El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.”

Ciertamente, el propósito común de María y José fue el de proporcionar una esmerada educación a Jesús y Él la asimiló con la actitud más confiada, diligente y sumisa que jamás ha tenido un hijo. María y José vieron cómo su inteligencia y su voluntad humanas se iban despertando, desarrollando y fortificando. Por otro lado, no sólo habrán buscado trasmitirle un gran número de conocimientos acerca de las costumbres y tradiciones del pueblo judío, sino sobre todo el mundo de valores y de ideales que los animaba, donde Dios lo era todo. Así habrán compartido muchas veces los mismos sentimientos, afectos e intereses.

Es esa la mayor riqueza que la vida en familia encierra. Sorprende, con qué eficacia se va trasmitiendo, casi irradiando hacia los demás. Quizá por eso la profetiza Ana se sintió atraída hacia esta familia. Es hermoso pensar que la Virgen María en persona le habrá contado a San Lucas todos estos detalles acerca de la niñez de Jesús. ¿Quién más lo podría haber hecho?

Fuente: catholic.net

martes, 29 de diciembre de 2009

La presentación de Jesús en el Templo


Lc 2, 22-35
Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor", y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.

Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: "Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones".


Reflexión

No era necesario que María fuese a purificarse, pues era Inmaculada. Tampoco hacía falta presentar al Niño en el Templo, pues era más correcto que el Templo se presentase ante el mismo Dios hecho hombre. Pero así quisieron hacerlo José y María, por obediencia a la Ley.
Hay aquí una lección de humildad. No querían los padres escapar a ningún precepto de la Ley de Moisés. Simplemente amaban a Dios con toda el alma y querían obedecerle hasta en los mínimos detalles. No se sentían obligados, obedecían por puro amor.
Descubrimos también la condición social de José. La Ley prescribía el sacrificio de un cordero para las familias con más recursos económicos, o un par de tórtolas si eran pobres.
La sencilla acción de José y María tuvo una repercusión trascendental en la vida del anciano Simeón y de la profetisa Ana. De esta manera cumplió Dios lo que había prometido al justo y piadoso Simeón por una revelación particular del Espíritu Santo por la que “no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor”.
Podemos concluir esta meditación reflexionando sobre la importancia que tiene para los demás nuestra fidelidad a Dios en todo. Cumplir con nuestros deberes religiosos es fuente de bendiciones para los demás. Aunque no sea esa nuestra intención, podemos cambiar la vida de otras personas, como le sucedió a Simeón cuando la Virgen y su esposo acudieron al Templo.

Fuente: catholic.net

domingo, 27 de diciembre de 2009

Homilía Dominical

Fiesta de la Sagrada Familia
Lecturas

1 Sm 1, 20-22 . 24-28

1 Jn 3, 1-2 . 21-24
Lc 2,41-52


Con el eco de la celebración navideña, la liturgia continúa celebrando el misterio de la Encarnación del Señor. Navidad nos invita a contemplar en el pesebre al Dios Niño, al Dios hombre.

Y hoy, con esta fiesta de la Sagrada Familia, nos ayuda a repensar esta dimensión tan importante de la humanidad de Jesús y de la nuestra propia. ¡Cuánto le debe Jesús -lo vemos en la Escritura- a su familia humana! Y cuánto le debemos nosotros a sus padres humanos, que lo ayudaron a desarrollarse y descubrir -humanamente- su vocación redentora. ¡Cuánto que ha hecho María por este misterio de navidad! Le debemos gratitud por su actitud de fe, por la escucha y docilidad a la Palabra, y porque en ella Dios tomó nuestra carne humana. ¡Cuánto que le debemos también a José, que tuvo un protagonismo silencioso pero muy fuerte, y que tuvo una fe tan grande como la de María! Sin ser el padre biológico de Jesús, por la fe en Dios y la confianza en María, asume a su esposa y a su hijo, para que se pudiera cumplir así la promesa de que el Salvador nacería de la familia de David. En esto consiste lo más auténtico de la paternidad: no es el mero hecho biológico, sino el asumir, el aceptar el don de la vida, el responsabilizarse por su desarrollo y crecimiento.

Gracias al protagonismo de José, el Niño salva su vida en los momentos de persecución, cuando Herodes lo quiere asesinar. Es José el que según la Escritura realiza un acompañamiento que sin duda maracará la personalidad humana de Jesús. José educa porque transmite valores: valores religiosos (suben al templo todos los años), valores humanos (el trabajo, un oficio), valores varoniles (la presencia junto a su mujer en momentos cruciales, la predilección por las acciones antes que las palabras).

Pienso que a la luz de estos ejemplos hoy tenemos que dar gracias por nuestras propias familias y ver todo lo que de ellas hemos recibido. Reconocer con gratitud incluso a pesar de las inevitables imperfecciones, que la Encarnación nos invita a asumir como parte de la realidad. Hay que decirlo con todas las letras: no existen familias perfectas. No existen padres, madres, hijos, hermanos perfectos. No existen cónyuges perfectos... ¡La perfección humana no existe! Es una peligrosa ilusión de la que nos tenemos que librar, si no queremos equivocar mucho el camino. Amar lo perfecto -Dios- no tiene mucha dificultad. La gracia está en amar a los seres concretos que están junto a nosotros y a nosotros mismos con todas las imperfecciones que podamos tener. ¡Así nos ama Dios!

Del Evangelio proclamado quisiera subrayar dos actitudes, que creo pueden ayudar a entender la familia de Jesús y que me parecen importantes para la tarea de la familia en el contexto actual. El pasaje proclamado nos muestra una situación de ruptura, hay casi como un nuevo parto de María y de su esposo. Hay una situación de incomprensión con respecto a la actitud que ha tomado el hijo que se ha quedado en Jerusalén y hay como un reproche. Parecería que María y José se sienten heridos por la acción de Jesús, como si pensaran que no merecían ese comportamiento: "Hijo, ¿Por qué nos hiciste esto?... Te buscábamos angustiados". Sin dudas, la familia es el ámbito de la protección de la vida, el cuidado de los hijos y la contención mutua. Pero también es el lugar donde tenemos que aprender a desprendernos y a recorrer nuestro propio camino. Esto a veces supone ciertos desafíos y dificultades, que hay que afrontar con la mayor serenidad posible, aunque no es anormal que surja la angustia, como escuchamos en labios de María. La Escritura dice, ya en su primera página, que el hombre dejará a su padre y a su madre, y en este pasaje Jesús comienza a dejar su hogar, comienza a dejar la infancia y entra en la adultez. (1)

Por distintos motivos, en nuestra sociedad actual, el "abandono del nido" asusta un poco y no siempre se lo realiza. La infancia no termina de irse, la adolescencia se prolonga: parecería que el estado adulto cuesta un poco en nuestro mundo light. La familia de Nazareth en cambio, se presenta como modelo de vínculos no posesivos. ¡Cuánto se lastima -no sólo a la familia sino a todas las relaciones humanas- cuando confundimos los vínculos con cadenas que nos atan, o nos hacen creer que tenemos derecho a adueñarnos de los demás! Las relaciones humanas maduras siempre están marcadas por la autonomía, la libertad y la responsabilidad.

La segunda actitud que quisiera considerar está un poco olvidada hoy día y en realidad "no tiene buena prensa". Me refiero a la obediencia. Paradójicamente, Jesús, que ha realizado este acto de libertad al quedarse en el templo, vuelve con sus padres y les obedece. Pero puede hacerlo porque ya no es el mismo: la experiencia del templo le ha hecho tomar una nueva conciencia de sí. Sabe que no es sólo el hijo de María y de José, sino Hijo de Dios, descubre su identidad más profunda, reconoce su vocación: ocuparse de las cosas de su Padre. El Jesús que volvió a Nazaret es alguien que ha empezado a vivir la entrega de sí mismo, que culminará en la Pascua. De hecho, Lucas relata el episodio en términos de pascua: Jerusalén, el templo, los doctores de la ley... Es decir todos los protagonistas y contextos que algunos años más tarde reaparecerán en la Pasión y Resurrección del Señor. Y fundamentalmente, el signo de los tres días de angustia, seguidos de la alegría del reencuentro es un claro signo de muerte y comienzo a una vida nueva.

La aceptación de normas y límites, la capacidad de obedecer sólo se puede realizar desde esta perspectiva de crecimiento, desde este continuo paso a vida nueva, desde la continua maduración de la conciencia personal, en sintonía con la voluntad del Padre. Hoy, en cambio, parecería existir cierto miedo a la autoridad, parecería que a veces no sabemos cómo ejercerla o que no sabemos como inspirar una obediencia libre. Tal vez tengamos que volver a reconocer que poner límites, decir "no", proponer valores que requieren sacrificios es también necesario para el crecimiento de las personas a las que amamos.

P. Gerardo Galetto

(1) En el pasaje de las bodas de Caná que relata Juan hay una situación similar: Jesús tiene que empezar a actuar en público, tiene que salir de su vida oculta y privada. Pero a diferencia del pasaje de Lucas, aquí es María la que lo anima a dar ese paso, que Jesús parecería no comprender todavía.

Una familia feliz porque ahí estaba Dios


Hoy se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Una familia formada por José, María y el Niño Jesús. Era una familia muy pobre, tenía lo elemental para vivir. Sin embargo, ha sido la familia más feliz.

Feliz porque ahí estaba Dios. Una familia feliz porque ahí se rezaba todos los días. Feliz porque ahí se trabajaba con paz y con amor. Allí se amaba la vida, allí se amaban entre ellos con un grandísimo corazón.

¡Cuánto necesitamos nosotros que esa Sagrada Familia nos ayude a recuperar muchos valores familiares que se ha llevado el viento!

¡Oh Familia de Nazareth, qué pocos elementos te bastaron para ser una familia feliz y hermosa! ¡Cómo necesitamos que vuelvas a injertar en nuestros hogares, en nuestros corazones, esa maravillosa gama de virtudes que tiene la familia!

Todos los que quieran saber cuál es la familia más maravillosa deben contemplar el hogar de Nazareth, y preguntar a José, a María y a Jesús cómo se puede ser feliz en familia.

Fuente: catholic.net

sábado, 26 de diciembre de 2009

Fiesta de la Sagrada Familia

Este domingo, el siguiente a Navidad, celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia. Nuestra mirada se abre hoy al conjunto del pesebre y contemplamos, junto al Niño, a María y a José; esta imagen forma parte del Evangelio y es un signo que nos revela la voluntad de Dios. La realidad de la familia, en cuanto ámbito elegido y querido por Dios para entregarnos a su Hijo participa de la buena noticia del Evangelio.

Por ello hablamos del Evangelio de la Familia como de una realidad que tiene su raíz en el designio creador de Dios, que ha creado al hombre varón y mujer y ha puesto en ellos el misterio de la generación de la vida. La Familia se convierte, así, en un signo que nos revela el amor de Dios creador y la verdad del hombre. Ella es escuela de amor y cuidado de la vida, pero es también profecía para el mundo. Por ello a la Familia hay que predicarla como parte del Evangelio de Jesucristo que vino a darnos Vida plena.

La Familia fundada sobre el matrimonio, es decir, la unión libre y estable del hombre y la mujer, además de una realidad es un ideal. Esto nos habla de un hecho que tiene una estructura propia basada en la diversidad y complementariedad sexual, que se ordena a la vida y a la realización de sus miembros pero es, al mismo tiempo, un ideal que requiere actitudes de entrega, de presencia y de solidaridad. El nivel de la Familia va a depender del nivel de vida y compromiso de sus miembros. Como todo lo que pertenece al ámbito de la libertad del hombre, también la familia necesita de conductas y gestos que le permitan ser lo que está llamada a ser: esa escuela única de amor y de vida, donde cada uno va creciendo y descubriendo su dignidad y responsabilidad como persona. Por ello, Juan Pablo II, decía: “Familia sé lo que eres”, es decir, profundiza y vive tu vocación. La Familia tiene algo dado por la naturaleza, pero debe ser asumida, enriquecida y cuidada por sus miembros como por la sociedad.

Recuerdo cuando en la Mesa del Diálogo santafesino, que es un ámbito de encuentro y de reflexión formado por miembros provenientes de distintos credos religiosos, rectores de las tres universidades de Santa Fe, como de instituciones del quehacer económico y social, nos propusimos destacar tres ejes sobre las cuales trabajar para recuperar el nivel de vida y autoestima de nuestra ciudad, ellos fueron: la familia, la educación y el trabajo. En la ausencia y descuido de estas realidades veíamos la causa del deterioro de la calidad de vida en nuestra sociedad. Estamos acostumbrados a ver y a manejar estadísticas de los efectos de este deterioro social, por ejemplo, cuando hablamos de la violencia y el número de muertes, de la droga y el robo, de la inseguridad y la marginalidad, todo ello es cierto. Pocas veces hablamos de las causas, de aquello que genera este estado. Aquí aparecía el valor insustituible de la Familia como escuela de vida y de aprendizaje social, que cuida y orienta el camino del niño. Es criminal, por ello, una sociedad que no sostiene cultural y económicamente a la Familia.

Que al mirar en el pesebre a la Sagrada Familia de Jesús, sepamos valorar el significado de esa realidad tan cercana que es nuestra propia Familia, a la cual nos debemos, pero que también ella espera y depende de cada uno de nosotros. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

viernes, 25 de diciembre de 2009

¡¡¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD!!!


En un mundo dominado por el miedo y la incertidumbre, la alegría, la paz y la esperanza son el verdadero regalo de Navidad.

Quiero comunicarles, contemplando la humildad del pesebre, que Dios ha querido quedarse con nosotros, para ser principio y causa de un mundo nuevo.

Con mi afecto y bendición.


Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


jueves, 24 de diciembre de 2009

Misa de Nochebuena

Vigilia de la Natividad del Señor
Lecturas

Is 9, 1-3 . 5-6

Hch 13, 16-17 . 22-25
Lc 2, 1-14


¡Ante todo Muy Feliz Navidad para todos!

Navidad es la fiesta del Dios con nosotros, del Dios hecho hombre. Un nacimiento es siempre motivo de alegría en una familia. ¡Cada niño que nace nos recuerda que Dios sigue confiando en la humanidad! Personalmente, cuando celebro los bautismos y veo los niños en brazos de sus padres no puedo dejar de decirles que siento que Dios pone la vida y el futuro en sus manos. Un niño en brazos de sus padres es un proyecto de crecimiento impredecible, que necesita cuidado, amor y atención, y que no se sabe bien hasta dónde puede llegar. Todo eso es precisamente la Navidad: es el nacimiento humano del hijo de Dios, que nos ofrece la posibilidad de renovación personal y comunitaria, y que nos invita a bucear en nuestra humanidad -en toda nuestra humanidad- para descubrir la voluntad de Dios. Igual que Jesús, a Dios Padre lo agradamos humanizándonos.

De las lecturas proclamadas quisiera subrayar dos ideas. La primera es la insistencia en el signo de la luz. "El pueblo que caminaba en tinieblas vió una gran luz". El nacimiento del Señor es el cumplimiento de la promesa que Isaías había profetizado: al pueblo oprimido y esclavizado le anuncia la libertad. La barra del carcelero y el yugo del opresor no durarán para siempre, y en algún momento la libertad surgirá: es decir, viene la luz. Esto es lo que se cumple cuando el ángel del Señor se aparece a los pastores -el pueblo que acampaba durante la noche- y "la gloria del Señor los envolvió con su luz".

Ante este signo de la luz, no podemos desconocer que hoy hay muchas oscuridades y tinieblas en nuestro mundo y tal vez en nuestro propio corazón. Pero la Navidad nos invita a reconocer que los tiempos oscuros también pueden ser muy fecundos para la fe, si los sabemos afrontar con paciencia y entereza de ánimo. No todo es luminoso en la condición humana, y es bueno reconocerlo con realismo. Y descubrir que Dios también está presente -aunque no lo veamos- en los momentos en los que no sabemos muy bien adónde ir, qué decidir, en los momentos de incertidumbre, cuando avanzamos a tientas... Es decir, cuando estamos en tinieblas.

Es segundo aspecto que quisiera subrayar es el mensaje del ángel a los pastores. Mensaje que está en el corazón del Evangelio, y que Jesús mismo repitió muchas veces en su vida terrena y después de resucitar. El ángel les dice: "no teman". Es cierto que a veces hay motivo para estar asustados, pero el Evangelio es un mensaje de coraje y audacia, de ánimo y energía. El miedo nunca es buen consejero, menos aún en las cosas de Dios. Sería bueno que escuchando esta invitación navideña, este "no temas", nos preguntemos qué me produjo miedo a lo largo del año que ya va terminando. Tal vez veamos que no era para tanto, que a veces nos asustamos porque sobrevaloramos realidades o problemas que no valen demasiado. Y si son situaciones realmente difíciles, es bueno saber que con el arrojo de la fe y confiando en Dios se pueden encontrar mejor las soluciones adecuadas.

Pidamos entonces en esta Navidad, la gracia de reconciliarnos con nuestras oscuridades y temores. No negarlas, no reprimirlos. Pero reconocer la posibilidad de cambiar esas actitudes negativas por decisiones constructivas. Decidir es como continuar naciendo. El ejercicio de la libertad es como inaugurar nuevos comienzos en nuestra historia, y por tanto signo de vida y madurez. En cambio, la inmovilidad y la inercia, el hacer las cosas por arrastre sin decisión personal, es siempre signo de muerte.

Ante Cristo recién nacido, verdadero Dios y verdadero hombre, ante este Niño que es camino para una humanidad más plena, ¿qué quiero elegir?

P. Gerardo Galetto

miércoles, 23 de diciembre de 2009

"Jesús nació en la humildad y el silencio"


Navidad es el comienzo de una vida nueva, es la certeza de que Dios no abandona al hombre, sino que viene a su encuentro en Jesucristo para ser su camino y hacerlo partícipe de su misma vida. Éste es el motivo profundo de la alegría y la esperanza con la que celebramos la Fiesta de Navidad. Tomar conciencia de la realidad de este camino de Dios es el comienzo de la vida cristiana. Esta presencia tiene un rostro concreto en la persona y la vida de Jesucristo, que se hace mensaje de vida, de amor y de paz para todos los hombres que quieran recibirlo.

Nuestra mirada se dirige en este día a Jesucristo, que nació en la humildad y el silencio para enseñarnos el camino de Dios. Pero no podemos dejar de mirar esa otra realidad tan cercana y dolorosa, con la que él ha querido identificarse y desde la cual nos interpela, que es la situación de muchos hermanos nuestros que viven en circunstancias de carencias materiales y espirituales. Ellos son los destinatarios preferidos del amor de Dios. Conocemos esas circunstancias y tal vez nos acostumbramos a que el mundo sea así. Se adormece nuestra conciencia y convivimos en un mundo que aparenta crecer y vive la sola expectativa de un consumo mayor, pero que deteriora y pisotea la dignidad de la imagen de Dios en el hombre.

“Mensajes vivos de Navidad”

Pienso en el drama de la pobreza, la desocupación y la marginalidad; en el flagelo de la droga y el aumento del juego; el clima de inseguridad y el desprecio por la vida; el negocio de la prostitución que avanza sobre la adolescencia en nuestros barrios y no encuentra una suficiente reacción moral en la comunidad. Hay una cultura que se empobrece y en la cual viven nuestros niños, que se aíslan en un presente sin proyecto de futuro. Frente a este drama social y cultural, ellos no encuentran en la sociedad la necesaria ejemplaridad ni el camino de una propuesta que les presente la grandeza y el sentido de una vida fundada sobre la solidez de la verdad y la solidaridad, sobre la vivencia del amor y la belleza y el compromiso con el bien y la paz. Navidad es un don de Dios, pero es también una tarea ofrecida a todos los hombres de buena voluntad.

Cuánta necesidad tiene el mundo de que se abra nuestro corazón y nos comprometamos a hacer realidad este Mensaje de Dios al hombre para elevarlo y desde él, recrear las condiciones de un mundo que esté a la altura de la dignidad del hombre. Dios llega al hombre a través del hombre. ¡Qué bueno que seamos nosotros mensajes vivos de Navidad para nuestros hermanos!

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Fuente: ellitoral.com