Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

(Clickear sobre la Biblia para leer las lecturas)


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domingo, 9 de septiembre de 2012

Colecta Nacional Más por Menos 2012

Porque a muchos hermanos nuestros les sobran:
esperanza,
sueños,
dignidad,
motivos...
¡que nuestra ayuda no les falte!



Desde el Evangelio



Como todos los años la Colecta Más por Menos nos convoca para mostrarnos la realidad y el trabajo de muchos hermanos nuestros y, al mismo tiempo, hacernos partícipes de una respuesta solidaria. Es una invitación que nace de una mirada que no se queda sólo en la descripción de la realidad, sino que busca comprometernos en una actitud de acompañamiento con quienes menos tienen.
¡Con cuánto agradecimiento es recibida esta Colecta por muchas comunidades que esperan esta colaboración! Se trata de acompañar el esfuerzo que ellos vienen realizando y no de una dádiva para quedar tranquilos; es un complemento generoso al trabajo que ellos ya han iniciado. Las diversas comunidades mucho valoran este gesto, porque descubren en él el sentido de una ayuda fraterna que los acerca y eleva en su dignidad. No se siente otros, ajenos y objeto de una ayuda, sino alguien a quienes se los considera hermanos. Es reconfortante, y nos hace bien, leer sus sinceras y emotivas cartas de agradecimiento.
Este año se nos propone como lema: tu ayuda dignifica. Parecería que no toda ayuda dignifica, sino aquella que tiene su origen en un corazón atento. No se habla de una ayuda en general que tendría algo de impersonal, sino de tu ayuda. A esta distinción la considero necesaria para darle el significado fraternal que la colecta pretende tener; debemos vivirla con la generosidad de un gesto que no busca recompensa. En segundo lugar ella dignifica a mi hermano. Hay una dignidad, sin embargo, que antecede a toda ayuda porque proviene de la misma condición humana. El hombre es digno no por mi ayuda, sino por su misma naturaleza. Los derechos que le corresponden no se los da nadie, nos toca reconocerlos y defenderlos. A quienes ayudamos en esta colecta son, como nosotros, creados por Dios a su "imagen y semejanza". Lo que hacemos con nuestra ayuda es reconocer su dignidad y ayudarlos a desarrollarse integralmente.
Esta Colecta tiene, por lo mismo, mucho de docencia. En un mundo marcado por el individualismo que privilegia mis derechos, corremos el peligro de olvidarnos del derecho de los demás. Es común escuchar esa frase que tanto nos daña y  aísla: "pensá en vos". Nuestra mirada se va cerrando en un círculo que nos tiene como único centro. No nos queda tiempo ni horizonte para ver esa otra realidad que existe y a la cual pertenecemos. Todo hombre es mi hermano, es el primer principio de la moral social. No podríamos llamar a Dios Padre, si no considero a todo hombre mi hermano. Creo que Dios me diría, no me llames Padre si no te ocupas de mis otros hijos más débiles que son tus hermanos. San Juan lo dirá desde el mandamiento del amor: "¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama su hermano, a quien ve" (1 Jn. 4, 20). La Colecta Más por Menos nos convoca para ver y acompañar con mi ayuda a mis hermanos que más lo necesitan. Tiene mucho de caridad en el gesto, pero también de justicia respecto a la realidad que vivimos.
Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor, que es Padre de todos y nos convoca a ser generosos.
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

sábado, 8 de septiembre de 2012

Natividad de la Santísima Virgen María


Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente

de aquella estrella divina,
sale su luz clara y digna
de ser pura eternamente:
el alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna

de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella
y con luz tan celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo Sol nace de ella.

martes, 4 de septiembre de 2012

Venta de pollos a beneficio.


Este domingo 9 de septiembre, se venderán pollos asados a beneficio de la Capilla Nuestra Señora de La Guardia, a $40 cada uno.  Reservar al TE: 4981780 (se puede dejar el mensaje) y a partir de las 12:30 hs. del domigno 9 se pueden ir a retirar a la Capilla.

¡¡¡UNIDOS PARA COLABORAR!!!

sábado, 1 de septiembre de 2012

Vigilia de Oración por la Vida

Nuestro Obispo nos convoca. 
¡La defensa de la Vida nos reclama! 


miércoles, 29 de agosto de 2012

Martirio de Juan Bautista

Hoy, 29 de agosto, la Iglesia Universal recuerda el martirio de San Juan Bautista.

El evangelio de Marcos nos narra de la siguiente manera la muerte del gran precursor, Juan Bautista:

Herodes había mandado poner preso a Juan Bautista, y lo había llevado encadenado a la prisión, por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipos, con la cual Herodes se había ido a vivir en unión libre. Porque Juan le decía a Herodes: "No te está permitido irte a vivir con la mujer de tu hermano". Herodías le tenía un gran odio por esto a Juan Bautista y quería hacerlo matar, pero no podía porque Herodes le tenía un profundo respeto a Juan y lo consideraba un hombre santo, y lo protegía, y al oírlo hablar se quedaba pensativo y temeroso, y lo escuchaba con gusto.

Pero llegó el día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños dio un gran banquete a todos los principales de la ciudad. Entró a la fiesta Salomé, la hija de Herodías y bailó, y el baile le gustó mucho a Herodes, quien le prometió a Salomé con juramento: "Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino".

La muchacha fue donde su madre y le preguntó: "¿Qué debo pedir?". Ella le dijo: "Pida la cabeza de Juan Bautista". Ella entró corriendo a donde estaba el rey y le dijo: "Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista".

El rey se llenó de tristeza, pero para no contrariar a la muchacha y porque se imaginaba que debía cumplir ese vano juramento, mandó a uno de su guardia a que fuera a la cárcel y le trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la prisión, le cortó la cabeza Juan y la trajo en una bandeja y se la dio a la muchacha y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse los discípulos de Juan vinieron y le dieron sepultura . (Mc 6,17)

Herodes Antipas había cometido un pecado que escandalizaba a los judíos porque estaba prohibido por la ley de Dios y por la ley moral. Se había ido a vivir con la esposa de su hermano. Juan Bautista lo denunció públicamente. Se necesitaba mucho valor para hacer una denuncia como esta porque los reyes de oriente eran muy déspotas y mandaban matar sin más a quien es se atrevían a echarles en cara sus errores.

Herodes al principio se contentó solamente con poner preso a Juan, porque sentía un gran respeto por él. Pero la adúltera Herodías estaba alerta para mandar matar en la primera ocasión que se le presentara, al que le decía a su concubino que era pecado esa vida que estaban llevando.

Cuando pidieron la cabeza de Juan Bautista el rey sintió enorme tristeza porque estimaba mucho a Juan y estaba convencido de que era un santo y cada vez que le oía hablar de Dios y del alma se sentía profundamente conmovido. Pero por no quedar mal con sus compinches que habían oído su juramento y por no disgustar a la mujer que lo dominaba, mandó matar al santo precursor.

Este es un caso típico de cómo un pecado lleva a cometer otro pecado. Herodes y Herodías empezaron siendo adúlteros y terminaron siendo asesinos. El pecado de adulterio los llevó al crimen, al asesinato de un santo.

Juan murió mártir de su deber, porque él había leído la recomendación que el profeta Isaías hace a los predicadores: "Cuidado: no vayan a ser perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar". El Bautista vio que llegaban los enemigos del alma a robarse la salvación de Herodes y de su concubina y habló fuertemente. Ese era su deber. Y tuvo la enorme dicha de morir por proclamar que es necesario cumplir las leyes de Dios y de la moral.

Último profeta y primer apóstol, Juan Bautista dio la vida por la Verdad, y por eso es venerado en la Iglesia como mártir.


De las homilías de san Beda el Venerable, presbítero


El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios, ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: «Yo soy la verdad»; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión fuera del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de un largo y penoso cautiverio. Él, que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de «lámpara que arde y brilla»; fue bautizado en su propia sangre aquél a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte –que de todas maneras había de acaecerle por ley natural– era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.


martes, 28 de agosto de 2012

San Agustín, Padre y Doctor de la Iglesia

San Agustín, por Sandro Botticelli
"En el hombre interior habita la Verdad"

San Agustín es doctor de la Iglesia y el más grande de los Padres Latinos. Escribió muchos libros de gran valor para la Iglesia y el mundo, entre los que se destacan "La Ciudad de Dios" y sus "Confesiones".

Aurelio Agustín nació el 13 de noviembre del año 354, en Tagaste, al norte de África. Su madre fue Santa Mónica. Su padre, Patricio, era un hombre pagano de carácter violento.

Santa Mónica había enseñado a su hijo a orar y lo había instruido en la fe. San Agustín cayó gravemente enfermo y pidió que le dieran el Bautismo, pero luego se curó y no se llegó a bautizar. A los estudios se entregó apasionadamente pero, poco a poco, se dejó arrastrar por una vida desordenada.

A los 17 años se unió a una mujer y con ella tuvo un hijo, al que llamaron Adeodato.

Estudió retórica y filosofía. Compartió la corriente del Maniqueísmo, la cual sostiene que el espíritu es el principio de todo bien y la materia, el principio de todo mal.

Diez años después, abandonó este pensamiento. En Milán, obtuvo la Cátedra de Retórica y fue muy bien recibido por San Ambrosio, el Obispo de la ciudad. Agustín, al comenzar a escuchar sus sermones, cambió la opinión que tenía acerca de la Iglesia, de la fe, y de de Dios.

Santa Mónica trataba de lograr su conversión a través de la oración. Lo había seguido a Milán y quería que se casara con la madre de Adeodato, pero ella decidió regresar a África y dejar al niño con su padre.
Agustín estaba convencido de que la verdad estaba en la Iglesia, pero se resistía a convertirse.

Comprendía el valor de la castidad, pero se le hacía difícil practicarla, lo cual le dificultaba la total conversión al cristianismo. Él decía: “Lo haré pronto, poco a poco; dame más tiempo”. Pero ese “pronto” no llegaba nunca.

Un amigo de Agustín fue a visitarlo y le contó la vida de San Antonio, la cual le impresionó mucho. Él comprendía que era tiempo de avanzar por el camino correcto. Se decía “¿Hasta cuándo? ¿Hasta mañana? ¿Por qué no hoy?”. Mientras repetía esto, oyó la voz de un niño de la casa vecina que cantaba: “toma y lee, toma y lee”. En ese momento, le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al escuchar la lectura de un pasaje del Evangelio. San Agustín interpretó las palabras del niño como una señal del Cielo. Dejó de llorar y se dirigió a donde estaba su amigo que tenía en sus manos el Evangelio. Decidieron convertirse y ambos fueron a contar a Santa Mónica lo sucedido, quien dio gracias a Dios. Agustín tenía 33 años.

Desde ese momento, Agustín se dedicó al estudio y a la oración. Hizo penitencia y se preparó para su Bautismo. Lo recibió junto con su amigo Alipio y con su hijo, Adeodato. Decía a Dios: “Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte”. Y, también: “Me llamaste a gritos y acabaste por vencer mi sordera”. Su hijo tenía quince años cuando recibió el Bautismo y murió un tiempo después. Él, por su parte, se hizo monje, buscando alcanzar el ideal de la perfección cristiana.

Deseoso de ser útil a la Iglesia, regresó a África. Ahí vivió casi tres años sirviendo a Dios con el ayuno, la oración y las buenas obras. Instruía a sus prójimos con sus discursos y escritos. En el año 391, fue ordenado sacerdote y comenzó a predicar. Cinco años más tarde, se le consagró Obispo de Hipona. Organizó la casa en la que vivía con una serie de reglas convirtiéndola en un monasterio en el que sólo se admitía en la Orden a los que aceptaban vivir bajo la Regla escrita por San Agustín. Esta Regla estaba basada en la sencillez de vida.

Fue muy caritativo, ayudó mucho a los pobres. Llegó a fundir los vasos sagrados para rescatar a los cautivos. Decía que había que vestir a los necesitados de cada parroquia. Durante los 34 años que fue Obispo defendió con celo y eficacia la fe católica contra las herejías. Escribió más de 60 obras muy importantes para la Iglesia como “Confesiones” y “Sobre la Ciudad de Dios”.

Los últimos años de la vida de San Agustín se vieron turbados por la guerra. El norte de África atravesó momentos difíciles, ya que los vándalos la invadieron destruyéndolo todo a su paso.

A los tres meses, San Agustín cayó enfermo de fiebre y comprendió que ya era el final de su vida. En esta época escribió: “Quien ama a Cristo, no puede tener miedo de encontrarse con Él”.

Murió a los 76 años, 40 de los cuales vivió consagrado al servicio de Dios.

Con él se lega a la posteridad el pensamiento filosófico-teológico más influyente de la historia.
Murió el año 430.

¿Qué nos enseña su vida?

  • A pesar de ser pecadores, Dios nos quiere y busca nuestra conversión.

  • Aunque hayamos cometido pecados muy graves, Dios nos perdona si nos arrepentimos de corazón.

  • El ejemplo y la oración de una madre dejan fruto en la vida de un hijo.

  • Vivir en comunidad, hacer oración y penitencia, nos acerca siempre a Dios.

  • Es posible, con la gracia de Dios, lograr una conversión profunda en nuestras vidas.



  • Algunos motivos para leer una de las obras cumbre de San Agustín




    Señor Jesús, que me conozca a mí y que te conozca a Ti,
    Que no desee otra cosa sino a Ti.
    Que me odie a mí y te ame a Ti.
    Y que todo lo haga siempre por Ti.
    Que me humille y que te exalte a Ti.
    Que no piense nada más que en Ti.
    Que me mortifique, para vivir en Ti.
    Y que acepte todo como venido de Ti.
    Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.
    Que siempre escoja seguirte a Ti.
    Que huya de mí y me refugie en Ti.
    Y que merezca ser protegido por Ti.
    Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
    Que sea contado entre los elegidos por Ti.
    Que desconfíe de mí y ponga toda mi confianza en Ti.
    Y que obedezca a otros por amor a Ti.
    Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.
    Que quiera ser pobre por amor a Ti.
    Mírame, para que sólo te ame a Ti.
    Llámame, para que sólo te busque a Ti.
    Y concédeme la gracia
    de gozar para siempre de Ti. Amén.

    lunes, 27 de agosto de 2012

    Santa Mónica, esposa y madre cristiana


    Mónica nació en Tagaste, al norte de África, a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332.

    FORMACIÓN FUERTE

    Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa pero de muy fuerte disciplina. Ella no las dejaba tomar bebidas entre horas (aunque aquellas tierras son de clima muy caliente ) pues les decía : "Ahora cada vez que tengan sed van a tomar bebidas para calmarla. Y después que sean mayores y tengan las llaves de la pieza donde está el vino, tomarán licor y esto les hará mucho daño." Mónica le obedeció los primeros años pero después, ya mayor, empezó a ir a escondidas al depósito y cada vez que tenía sed tomaba un vaso de vino. Pero sucedió que un día regañó fuertemente a un obrero y éste por defenderse le grito: "¡Borracha!" Esto le impresiono profundamente y nunca lo olvidó en la vida, y se propuso no volver a tomar jamás bebidas alcohólicas. Pocos meses después fue bautizada (en ese tiempo bautizaban a la gente ya entrada en años) y desde su bautismo su conversión fue admirable.

    UN ESPOSO DIFÍCIL
    Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad, pero sus padres dispusieron que tenía que casarse con un hombre llamado Patricio. Éste era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado y además mujeriego, jugador y sin religión ni gusto por lo espiritual. La hará sufrir mucho y por treinta años ella tendrá que aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que grita por el menor disgusto, pero Patricio jamás se atreverá a levantar la mano contra ella. Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor, Agustín, la hizo sufrir por largos años.

    LA FÓRMULA PARA NO PELEAR 
    En aquella región del norte de Africa, donde la gente era sumamente agresiva, las demás esposas le preguntaban a Mónica por qué su esposo, que era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, no la golpeaba nunca a ella, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondía: "Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto la pelea, pues....no peleamos".

    VIUDA Y CON UN HIJO REBELDE 
    Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras, y quizás por eso mismo logró su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado la vida a Mónica. Un año después de su bautismo, Patricio murió santamente , dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.

    EL MUCHACHO DIFÍCIL 
    Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que su hijo mayor era extraordinariamente inteligente, y por eso lo enviaron a la capital del estado, la ciudad de Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero Agustín tuvo la desgracia de que su padre no se interesaba nada en sus progresos espirituales. Sólo le importaba que sacara buenas notas, que brillara en las fiestas sociales y que sobresaliera en los ejercicios físicos, pero acerca de la salvación de su alma, no se interesaba ni le ayudaba en nada. Y ésto fue fatal para él, pues fue cayendo de mal en peor en pecados y errores.

    UNA MADRE FUERTE 
    Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida licenciosa, que en una enfermedad, ante el temor a la muerte se había hecho instruir acerca de la religión y propuesto hacerse católico, pero que sanado de la enfermedad había abandonado el propósito de hacerlo. Y que finalmente, se había hecho socio de la secta llamada de los Maniqueos, que afirmaba que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde ni floja, al volver su hijo a casa y al empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar a enemigos de Dios.

    LA VISIÓN ANIMADORA
    Pero sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que vio que ella estaba en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo y que en ese momento se le acercaba un personaje muy resplandeciente y le decía: "No temas. Donde tú estás, allí estará tu hijo también" y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró al muchacho el sueño y él dijo lleno de orgullo que eso significaba que la madre se iba a volver maniquea como él. Pero ella le respondió: "En el sueño no me dijeron, mamá ira donde su hijo, sino tu hijo irá donde estás tu." Esta hábil respuesta impresionó mucho a su hijo, quien más tarde la consideraría como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437.

    Faltaban 9 años aún para que Agustín se convirtiera.

    LA RESPUESTA DE UN OBISPO
    Por muchos siglos ha sido muy comentada la bella respuesta que un obispo le dio a Mónica cuando ella le contó que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió: "Quédese tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". Esta admirable respuesta y lo que había oído en el sueño, la llenaban de consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.

    UN HIJO QUE SE FUGA Y UNA MADRE QUE LO SIGUE 
    Cuando tenía 29 años, Agustín decidió ir a Roma a dar clases allá. Ya era todo un doctor. Mamá se propuso ir con él para librarlo de todos los peligros morales. Pero Agustín le hizo una jugada tramposa (de la cual se arrepintió mucho más tarde). Al llegar junto al mar le dijo a Mónica que se fuera a rezar a un templo, mientras él iba a visitar a un amigo, y lo que hizo fue subirse al barco y salir rumbo a Roma, dejándola sola allí. Pero Mónica no era mujer débil para dejarse derrotar tan fácilmente. Tomó otro barco y se dirigió hasta Roma.

    UN PERSONAJE QUE INFLUYÓ MUCHO 
    En Milán, Mónica se encontró con el Santo más famoso de la época, San Ambrosio, arzobispo de esa ciudad. En él se encontró un verdadero padre lleno de bondad y de sabiduría que la fue guiando con prudentes consejos. Además, Agustín se quedó impresionado por su enorme sabiduría y la poderosa personalidad de San Ambrosio y empezó a escucharle con profundo cariño y a cambiar sus ideas y entusiasmarse por la fe católica.

    LA CONVERSIÓN


    Y sucedió que en el año 387, Agustín, al leer unas frases de San Pablo, sintió una impresión extraordinaria y se propuso cambiar de vida. Envió lejos a la mujer con la cual vivía en unión libre, dejó sus vicios y malas costumbres, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.

    "YA PUEDO MORIR TRANQUILA" 
    Agustín, ya convertido, se dispuso a volver con su madre y su hermano, a su tierra, en el África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba en esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche al ver el cielo estrellado conversaban con Agustín acerca de cómo serían las alegrías que tendremos en el cielo, y ambos se emocionaban comentando y meditando los goces celestiales que nos esperan. En determinado momento exclamó entusiasmada : "¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco después le invadió la fiebre, y en pocos días se agravo y murió. Lo único que pidió a sus dos hijos es que no dejaran de rezar por el descanso de su alma. Murió en el año 387 a los 55 años de edad.
    Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.


    Santa Mónica: Sigue rogando por las madres y por sus hijos, por las esposas y sus maridos y por todos los pobres pecadores que necesitamos convertirnos. Amén.

    martes, 21 de agosto de 2012

    San Pío X - Día del Catequista

    A todos los catequistas,
    que nos acercan al conocimiento de Dios y de nuestra fe,
    nuestro agradecimiento y nuestras felicitaciones en éste, su día.

    jueves, 16 de agosto de 2012

    Encuentro de Familias de la Parroquia


    Día: Domingo 19 de agosto
    Lugar: Casa de Encuentros "Madre Eufrasia", San José del Rincón
    Horario: 10 hs. Culmina con la celebración de la Eucaristía a las 17 hs.

    Nos guiará en una reflexión el Cardenal Estanislao Esteban Karlic, Arzobispo Emérito de Paraná.

                  ¡LOS ESPERAMOS!