Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

(Clickear sobre la Biblia para leer las lecturas)


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martes, 6 de abril de 2010

Agradecimiento de CARITAS

Afiche de la Colecta

CARITAS "Nuestra Señora de Belén" desea agradecer, muy especialmente, la donación de útiles escolares promovida y realizada por los Jóvenes del Club Atlético Colón. La misma fue destinada en su totalidad a la escuela de La Guardia.


P. Axel Arguinchona, Vicepresidente de CARITAS Diocesana y Silvia Donnet,
responsable de CARITAS "Nuestra Señora de Belén"
junto a parte del equipo que colaboró con esta donación.


Los jóvenes, trabajando

¡¡¡MISIÓN CUMPLIDA!!!

A todos, y a cada uno de estos jóvenes solidarios, y a quienes respondieron a su pedido:


¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!

lunes, 5 de abril de 2010

La Resurrección exige ver la vida desde Dios

"Si la Resurrección del Señor me deja indiferente, significa que no creo en ella. Si esa Resurrección me conmueve pero no llega a ubicarse en el centro de mi fe y de mi vida, no creo en ella. Si roza mi vida o permanece en la periferia, no creo en ella. Si la Resurrección de Cristo no parte en dos mi vida, es que no integra el esquema de mi fe.

Interpretar sociológicamente el pecado es reirse de la Resurrección. Postergar indefinidamente la conversión a una nueva vida es reirse de la Resurrección. Poner en duda el más allá es dudar de la Resurrección.

La Resurrección está hecha para quebrar, deshacer y recrear después la vida del creyente. Después de la Resurrección los apóstoles no pudieron seguir viviendo como antes. Cambiaron fundamentalmente. Advirtamos que no se trata de una conversión exclusivamente moral, sino mucho más profunda. La Resurrección tiene más exigencias que el compromiso de dejar la mujer ajena o la bebida, devolver lo robado o rectificar una calumnia.

Exige mucho más: es ver la vida de otra manera. Es ver el dinero, la salud la enfermedad, el amor y el odio de otro modo. Es arriesgarse a que nos traten de locos por ese nuevo modo de ver y de pensar. Es arriesgarse a que nos marginen -aún dentro del propio recinto familiar- por la incomodidad que crea la nueva visión de la vida.

Creer en la Resurrección de Cristo es acabar con incoherencias entre fe y vida, y manifestar que la existencia no es más que la traducción testimonial de la fe".

Mons. Vicente Faustino Zazpe

domingo, 4 de abril de 2010

La Pascua, ¿cambia algo?


Cada año al celebrar la Pascua nos saludamos con alegría y deseos de algo nuevo. ¿Qué celebramos? Podemos responder que celebramos un hecho histórico que tuvo a Jesucristo como protagonista. Es una respuesta correcta, pero se puede quedar en una lectura exterior. Muchas son las imágenes que hemos contemplado durante estos días, pero todas tienen como final, y esto es lo importante, la constatación de un hecho por parte de los primeros cristianos y que lo expresaron con aquel grito de júbilo: "Jesucristo ha resucitado". Éste es el centro del mensaje que nos han trasmitido.


Si dejamos de considerar este final, Jesucristo sería un hombre que ha muerto y del que conservamos su recuerdo y doctrina. La Pascua perdería, así, todo su valor y significado, nos quedaríamos con aquella lectura exterior que tendría un valor ejemplar, como sucede con la vida y la obra de otras personalidades de la historia. San Pablo llega a decir que si "Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1 Cor 15, 14). Seríamos personas atadas a un pasado ya cerrado. La fe es la que nos permite conocer la verdad del acontecimiento de la Pascua; ella no crea los hechos sino que eleva nuestra inteligencia para comprenderlos y celebrarlos.


Éste es el tema central de la Pascua: no recordamos una muerte por noble que sea, sino la resurrección del Hijo de Dios, que se había hecho hombre en Jesucristo por nosotros y nuestra salvación. La consecuencia de este hecho es que el hombre encuentra en la Pascua el principio de una Vida Nueva que da sentido y plenitud a su propia vida. Jesucristo al hacerse hombre asumió nuestra condición humana, y con su muerte y resurrección, la liberó de toda atadura definitiva al pecado. Celebramos con alegría el triunfo de Jesucristo, porque es también nuestro triunfo.


El nos ha abierto el camino y la posibilidad de una vida que ilumina nuestro caminar y es, además, esperanza de una plenitud más allá de nuestra vida en este mundo. Dios no nos ha creado para la muerte, ella es un momento de nuestra condición humana. Hemos sido creados con destino de eternidad. Nuestra condición de seres espirituales reclama un destino trascendente. Qué triste la vida del hombre cuando sólo se la vive dentro de los límites de este mundo. Nos empobrecemos, diría, porque vivimos sin conocer nuestra verdad y la herencia que Jesucristo nos ha dejado.


La Pascua, por otra parte, no es un decreto que se nos impone sino una gracia que se ofrece a nuestra libertad. Esta herencia que Cristo nos ha obtenido en su Pascua nos corresponde y está a nuestro alcance. Deseando que sepamos comprender y recibir este don que se nos ofrece como camino y plenitud, les hago llegar, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor que ha Resucitado y permanece a nuestro lado como "Camino, Verdad y Vida".



Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Domingo de Pascua


¡¡¡Jesús Resucitó!!!

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡¡¡FELIZ PASCUA PARA TODOS!!!

Secuencia de Pascua

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Vengan a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí verán los suyos
la gloria de la Pascua. »

Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.





Proclo de Constantinopla (hacia 390-446), obispo
Sermón 14; PG 65, 796

«Día de gozo y de alegría» (Salmo 117,24)


¡Qué fiesta más bella la de Pascua! ¡Qué bella la asamblea! ¡Esta fiesta contiene en sí tantos misterios antiguos y nuevos! En esta semana de fiesta, o mejor de alegría, por toda la tierra los hombres se alegran e incluso las potestades del cielo se unen a nosotros para celebrar con gozo la resurrección del Señor. Exultan los ángeles y los arcángeles que esperan que el rey de los cielos, Cristo nuestro Dios, vuelva de la tierra vencedor; exultan los coros de los santos que proclaman a Cristo «el que fue engendrado antes de la aurora» (Sl 109,3). Exulta la tierra: la sangre de un Dios la ha lavado. Exulta el mar: el paso del Señor lo ha honrado. Que exulte todo hombre renacido del agua y del Espíritu; que exulte Adán, el primer hombre, liberado de la antigua maldición...

La resurrección de Cristo no sólo ha instaurado este día de fiesta, sino que en lugar del sufrimiento nos procura la salvación, en lugar de la muerte la inmortalidad, en lugar de las heridas la sanación, en lugar de la degradación la resurrección. En otro tiempo el misterio de Pascua se realizaba en Egipto según los ritos señalados por la Ley; el sacrificio del cordero no era más que un signo. Pero hoy celebramos, según el Evangelio, una pascua espiritual que es el día de la resurrección. Allí se inmolaba un cordero del rebaño...; aquí es Cristo en persona el que se ofrece como cordero de Dios. Allí, un animal del aprisco; aquí, no un cordero, sino el pastor, él mismo, el que da su vida por sus ovejas (Jn 10,11)... Allí, los hebreos atravesaron el mar Rojo y entonaron un himno de victoria en honor de su defensor: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria» (Ex 15,1). Aquí, los que han sido considerados dignos del bautismo, cantan en su corazón el himno de victoria: «Uno solo es santo, un solo Dios, Jesucristo en la gloria de Dios Padre. Amén». Y el profeta exclama: «El Señor reina vestido de majestad» (Sl 92,1). Los hebreos atravesaron el desierto y comieron el maná. Hoy, al salir de las fuentes bautismales comen el pan bajado del cielo (Jn 6,51).



sábado, 3 de abril de 2010

Homilía - Vigilia Pascual

Después de la Cuaresma, que fue un tiempo de reconciliación, hoy celebramos la Pascua, fiesta de la vida. El mensaje que quisiera dejar es: reconciliate con la vida.

No ceder a la tentación de estar disgustados con nuestra vida. Ante lo que nos fastidia en nosotros mismos o a nuestro alrededor podemos desarrollar actitudes de rechazo o frustración: la Resurrección del Señor, en cambio, nos hace sentir que la vida siempre tiene sentido, que la vida siempre se renueva, si lo dejamos actuar a Él.

El mensaje de hoy es: comprometete con la vida, reconocé el regalo y el milagro que significa estar vivo. Comprometete con la vida de los indefensos, de los pobres, de los que sufren...¡cada vida humana es signo de la Presencia viviente del Señor Resucitado!

Hoy celebramos la Pascua, y lo hacemos en la Eucaristía y recordando nuestro Bautismo. La luz nos recuerda que el Resucitado se impone a toda sombra de tristeza, a toda oscuridad que pueda empañar nuestra existencia; el agua nos recuerda la fuente de vida y renovación que está en Cristo, y desde el Bautismo, en nosotros mismos. Las renuncias y promesas nos animan a participar en la lucha contra el mal y a vencerlo con mansedumbre y bondad, con la fuerza del amor.

Seamos testigos de la Pascua: ¡seamos servidores de la vida! Y que esta liturgia nos ayude a encontrar al Señor Resucitado en nuestra vida de todos los días.

P. Gerardo Galetto

Sábado Santo: descenso del Señor al abismo

Homilía antigua, anónima, sobre el grande y santo Sábado

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salgan»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «ilumínense»; y a los que duermen: «levántense».

A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.

viernes, 2 de abril de 2010

Homilía - Viernes Santo


La liturgia de este Viernes Santo nos invita a concentrarnos en la Pasión y Cruz del Señor. Es el único día del año en el que no se celebra la Misa en ninguna parte del mundo, porque la Misa es signo real de la presencia de Jesús resucitado: hoy queremos profundizar en el misterio de su muerte.

El relato de san Juan mostraba las causas políticas de esta muerte: las componendas del poder de aquel entonces, para cuyos representantes la persona de Jesús era un desafío y una molestia. Cuando el poder -religioso o político- no es servicio, pierde su sentido y se vuelve opresivo.


También el relato nos recuerda que ante la fuerza del poder injusto, la respuesta no es la violencia, sino el Amor. San Juan nos relata el señorío de Jesús, que valientemente y con mansedumbre da testimonio de la verdad.

Junto con la cobardía escandalosa de algunos, el Evangelio muestra la dignidad de otros protagonistas, que no se volvieron atrás en el momento de la prueba. Aunque humanamente no tenían soluciones, acompañaron a Jesús hasta el final. En realidad, es el mismo Jesús el que nos acompaña hasta el final: vivió nuestra humanidad hasta el final, ¡hasta la muerte!

Al contemplar las llagas de Cristo en la cruz, pensemos en las nuestras: en las heridas personales, en las de la sociedad, en las de la Iglesia. Pensemos en el poder curativo del Amor de Jesús hasta el extremo. No veamos la cruz sólo como signo de dolor: el mensaje de la cruz no es "sufrí", sino "amá". Éste es el camino que lleva a la Vida Nueva.

P. Gerardo Galetto

Viernes Santo: Jesús muere en la Cruz


El fue traspasado por nuestras rebeldías
y triturado por nuestras iniquidades;
y por sus heridas fuimos sanados.

(Is 53,5)


De la película: "La Pasión del Cristo", de Mel Gibson

El Viernes Santo es el día de Pasión y Muerte del Señor y del ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio.

Este día no hay celebración eucarística, pero tenemos la acción litúrgica después de medio día para conmemorar la Pasión y la Muerte de Cristo. Cristo aparece como el Siervo de Dios anunciado por los profetas, el Cordero que se sacrifica por la salvación de todos.

La Cruz es el elemento que domina toda la celebración iluminada por la luz de la resurrección; se nos muestra como trono de gloria e instrumento de victoria, por esto es presentada a la adoración de los fieles.

El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación. Cristo no es un vencido sino un vencedor, un sacerdote que consuma su ofrenda, que libera y reconcilia, por eso nuestra alegría.


María, junto a su Hijo


María Magdalena, María y Juan, al pie de la Cruz

Acompañemos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.

María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.

Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios... Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella. Y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.

La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella la compañía y la fuerza para dar sentido a los propios sufrimientos.


jueves, 1 de abril de 2010

Homilía - Jueves Santo


En esta liturgia, igual que en la del domingo pasado, son los símbolos los que nos hablan. En un momento voy a realizar el mismo gesto de Jesús, de lavar los pies a doce integrantes de la comunidad, para recordarnos a todos, sacerdote y laicos, que el servicio es la clave de nuestra vida cristiana.

El Señor, antes de morir por amor a nosotros, quiso celebrar la Cena con sus discípulos, y dejarles este sacramento de su presencia. Así quiso darnos la posibilidad de asociarnos a su entrega: cada vez que participamos de la Eucaristía nos unimos a Él y nosotros también nos hacemos ofrenda para el Padre y para el mundo.

En la Eucaristía, Él se hace nuestro alimento y nuestro compañero de camino: es el amigo silencioso y comprensivo que comparte nuestra vida, con todo lo que en ella ocurre, animándonos y alentándonos desde lo más íntimo de nuestro corazón.

Celebrando la Eucaristía Jesús nos recuerda que tenemos que hacer lo mismo que hizo Él con nosotros: lavarnos los pies, es decir, tener una actitud auténtica de servicio y caridad: ésta es la esencia de la celebración de la Misa.

Pidamos hoy, entonces, que sepamos servir: con sencillez, sin ostentación, sin temores humanos. La renovación de la sociedad y de la Iglesia pasa por esta simple y profunda actitud de generosidad y entrega. El servicio es otro nombre del Amor. Jesús lo vivió hasta el extremo; nosotros, hasta donde nos dejemos llevar por Él.


P. Gerardo Galetto

"El mensaje de la Pascua contribuyó a la historia de la civilización"

P. Gerardo Galetto
El rector de la Universidad Católica de Santa Fe señaló por LT10 que esta fiesta religiosa encuentra a los santafesinos en un proceso de diálogo, de convivencia y de búsqueda de consensos. Además, Gerardo Galetto remarcó que “esta fiesta sigue siendo un mensaje convocante para los cristianos pero también para todas las personas que ven en estos días una posibilidad de crecer en la reflexión”.




En diálogo con LT10, Gerardo Galetto, rector de la Universidad Católica de Santa Fe, expresó que “evidentemente, esta fiesta religiosa permanece en nuestra cultura, desde hace 2000 años, por la verdad del mensaje y los hechos que se celebran. Este mensaje contribuyó a la historia de la civilización en los distintos lugares del mundo. Yo pienso que hay una dimensión religiosa fundamental en lo profundo de todas las personas, no solamente en los católicos, que lleva al hombre a buscar el contacto con lo trascendente”.

Además, Gerardo Galetto manifestó que “la cantidad de personas que asisten a las iglesias para esta fecha, habla de la vitalidad del hecho que estamos celebrando. El mundo postmoderno tiene aristas muy particulares. Algunas de ellas muy interesantes y otras no tanto. Pero lo realmente llamativo es que a pesar de todo se puede seguir dialogando con el mundo y se le puede seguir ofreciendo esta perspectiva cristiana”.
Consultado sobre cómo encuentra esta Pascua a los santafesinos, el rector de la Universidad Católica de Santa Fe señaló que “esta fiesta sigue siendo un mensaje convocante para los cristianos pero también para todas aquellas personas que ven en estos días una posibilidad de crecer en al reflexión sobre algunos valores que están más allá de las religiones y de los credos. Esta pascua 2010 nos encuentra a los santafesinos en un proceso de diálogo, de convivencia y de búsqueda de consensos. Creo que la experiencia interreligiosa de Santa Fe es muy interesante y es un ejemplo en el país”.