Nuestra Señora de Belén

Horarios de Misa

Jueves: 19.30hs.
Sábados: 20 hs.
Domingos: 10 hs. Misa para niños, y 20 hs.

Confesiones: después de Misa.

Bautismos: segundo y cuarto domingo de cada mes.


Secretaría Parroquial


Jueves: 18.30 a 20 hs.
Sábados: 18.30a 20 hs.
Domingos: 11 a 12 hs.


CARITAS

Martes de 14 a 18 hs.



Nuestro Párroco

Pbro. Daniel Gazze



A todos los que ingresen a esta página:


*** BIENVENIDOS ***

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:: Homilías ::

(Clickear sobre la Biblia para leer las lecturas)


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sábado, 12 de junio de 2010

Fiesta del Inmaculado Corazón de María

"Inmaculado Corazón de María,
sé la salvación del alma mía."

María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.

La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad... La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre. Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi. Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.

Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás. El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido.

Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa por el Plan de Dios.

Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro pleno con Dios Amor.




"CONSTRUYAMOS JUNTOS
UNA PATRIA SIN EXCLUIDOS"



12 y 13 de Junio
Colecta Anual de CARITAS



Tu aporte es necesario

Colecta anual de CARITAS


En el marco de la celebración del Bicentenario Caritas nos invita a que: Construyamos juntos una Patria sin excluidos. Este lema nos recuerda el reciente documento del Episcopado que nos convocaba: "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad", como aquel otro que nos decía que: "La Patria es un don, la Nación una tarea".

Estas palabras: construir la Patria, excluidos, justicia, solidaridad, que se refieren a la responsabilidad política de los argentinos, nos puede parecer que excede el marco de Caritas, sin embargo, ella no es ajena a estos problemas.El lema que Caritas nos presenta nos habla del compromiso cristiano con la realidad, aunque a ella no le corresponde ocupar el lugar de la política. El Santo Padre, hablando de la justicia y la caridad, decía que: "el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política" y no de la Iglesia. Pero la Iglesia, agregaba: "no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia" (DCE 28, cit. Ap. 385). Caritas, como presencia testimonial de la Iglesia, encuentra en esta reflexión su lugar y compromiso.

¿Cómo actúa Caritas? Yo diría de dos modos, que no se deben separar: por la palabra y la acción. La tarea de Caritas por la palabra tiene una dimensión docente, a través de ella busca orientar nuestros comportamientos y despertar actitudes en la sociedad. La palabra puede adquirir, también, la voz de una denuncia frente a situaciones de injusticia, para llegar a convertirse, incluso, en la "voz de lo que no tiene voz". Además, decía, por la acción. Esta otra dimensión presenta dos maneras de actuar que no se excluyen, sino que se complementan. La primera es la asistencia frente a la necesidad puntual y urgente, como ante una situación que se prolonga y no hay otra alternativa. La otra manera de acción es la promoción, a través de la cual se busca elevar, poner de pie al hermano necesitado, para que él pueda ser protagonista de su vida. Como vemos, en ambos casos, no se habla de dádiva sino de ayudar y elevar al otro respetando su libertad. Una caridad que no eleve la condición del hombre no es cristiana. Recuerdo con dolor aquella frase de una copla, que decía: desprecio la caridad por la vergüenza que encierra". Ciertamente, esa caricatura de la caridad que tal vez ha visto no pertenece al Evangelio. Qué importante es examinar las motivaciones y el estilo de nuestros actos de caridad.

¿Qué nos pide Caritas en esta Colecta? Ante todo quiere llamar a nuestra solidaridad con los hermanos más necesitados, pero también integrarnos como miembros activos en una campaña que busca, precisamente: construir juntos una Patria sin excluidos. Cómo podemos ser parte activa de esta invitación? Tanto con nuestra presencia, nuestro tiempo, como con nuestra ayuda material que posibilita y sostiene una serie de planes de ayuda y de promoción, que hacen de Caritas Argentina un signo real y eficiente, de amor y de solidaridad en nuestra Patria. A esto estamos convocados. Seamos generosos, pensemos que con este gesto de compartir no sólo ayudamos a otros, sino que la caridad nos ayuda porque nos sana interiormente y nos enriquece como personas.

Deseando que este fin de semana sea la ocasión de encontrarnos y crecer como hermanos, les hago llegar junto a mi afecto y oración mi bendición en el Señor Jesús, que nos enseñó un camino de vida y de amor con quienes menos tienen.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

viernes, 11 de junio de 2010

Año Sacerdotal Especial


Concluyó el Año Sacerdotal Especial
con multitudinaria Eucaristía con el Papa
Más de 15.000 sacerdotes estuvieron presentes en este evento

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 11 de junio de 2010 (ZENIT.org) La imagen del santo cura de Ars era el centro de la fachada de la basílica de San Pedro esta mañana, en la misa concelebrada por 80 cardenales, 350 arzobispos y obispos y 15.000 sacerdotes de los cinco continentes con motivo de la clausura del año sacerdotal.

Desde las 7,30 horas, los sacerdotes comenzaron a entrar en el aula Pablo VI y la basílica Vaticana. Una hora después empezó la procesión para dar inicio a la misa.

Las campanas de la basílica de San Pedro empezaron a sonar fuertemente a las 8,45 horas para dar luego tiempo a la preparación para esta eucaristía, por medio de algunos cantos alusivos a la vocación del sacerdote y de la lectura de algunos textos que permitieron a los miles de concelebrantes, y participantes de este evento, recogerse para esperar esta eucaristía.

Predominaba en la plaza de San Pedro el color blanco, por la casulla que tenían los miles de sacerdotes. Este es el color litúrgico que se usa hoy por tratarse de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Como es costumbre y para mostrar siempre el carácter universal de la Iglesia, las lecturas fueron realizadas en diversos idiomas: la primera en español, hecha por Fermina Alvarez Alonso “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo tu rastro” (Ezequiel 34). Luego el padre Maximiliano Nobile cantó el salmo 22 (23). “El Señor es mi pastor nada me falta”, finalmente la segunda lectura se hizo en inglés y estuvo a cargo de Anthony McFrath. “Cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores”. (Romanos 5, 5- 11)

Así dieron paso a la lectura del Evangelio, de la Parábola de la Oveja perdida y luego a la homilía del Papa, quien al hablar de la vocación sacerdotal dijo: “Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor”.

El fuerte calor propio de finales de la primavera romana golpeaba fuertemente esta mañana en la plaza. Sin embargo, esto no impidió el silencio y el recogimiento de los miles de sacerdotes y fieles llegados de todo el mundo.

Después de la homilía, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el momento de su ordenación, respondiendo fuertemente “sí” ante las preguntas que realizó el Papa sobre la unión íntima con Jesús renunciando a si mismos y confirmando el sagrado compromiso, la fidelidad al ministerio por medio de la Eucaristía y de las acciones litúrgicas y la obediencia al dejarse guiar no por los intereses humanos sino por el amor a los hermanos.

A las 11,18 horas comenzó la procesión con las ofrendas, mientras que el coro de la Capilla Sextina entonaba el canto de Maior est caritas, inspirado en el Himno de la Caridad de San Pablo (1 Corintios 13).

Religiosos, laicos y sacerdotes llevaron las ofrendas al altar y, como es costumbre, intercambiaron algunas palabras con el Papa.

Un año de conversión personal

Sobre las impresiones personales acerca del año sacerdotal, y de estos últimos días de encuentro en Roma, ZENIT habló con algunos sacerdotes que vinieron especialmente para este evento:

Para el padre Tomas Surlis, de la diócesis de Achorny en Irlanda, uno de los aspectos en los que más a profundizado en estos días es el hecho de que el sacerdocio “no es sólo un trabajo sino una vocación y una profunda identificación”.

También se refirió la delicada situación del clero en su país: “El futuro es un poco incierto. Sin embargo, muchos fieles están contentos con sus sacerdotes. Siempre hay una esperanza para el futuro porque Jesús está con nosotros”, dijo.

Por su parte, el padre Armando Cruz Ventura, de la diócesis de San Miguel del Salvador, dijo que en estos días de encuentro “hemos recordado las puertas de nuestras iglesias de nuestras parroquias y hemos dicho ¡qué orgullo es ser católico y qué satisfacción es venir a la roca de Pedro para confirmar que la Iglesia abre puertas a la vida y a la esperanza!”

El sacerdote Alejandro Bertolini, de la diócesis de San Isidro, (Argentina) dijo que el mayor fruto que trajo este año para su vida fue el de “conversión personal”. Un año que le ha permitido “dejarme tocar por los signos de los tiempos”.

“Esta guerra mediática contra la Iglesia y a raíz del pecado de la Iglesia me hizo reflexionar y entrar en sintonía no sólo con la Iglesia sino con las víctimas. Esto lleva a la conversión sí o sí”, dijo el sacerdote en diálogo con ZENIT.

Al finalizar la eucaristía y con ella el Año Sacerdotal, Benedicto XVI pronunció así las palabras del rito de conclusión en una oración a la Virgen María: “Ayúdanos con tu potente intercesión a no desmerecer esta vocación sublime, a no ceder a nuestros egoísmos, a las lisonjas del mundo y a las sugestiones del Maligno”, dijo el Papa.

“Madre de la Iglesia”, oraba Benedicto XVI, “nosotros sacerdotes queremos ser pastores que no se apacientan a sí mismos sino que se entregan a Dios por los hermanos, encontrando en esto su felicidad. No sólo con palabras sino con la vida, queremos repetir humildemente, día a día nuestro aquí estoy”.

Por Carmen Elena Villa

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío

jueves, 10 de junio de 2010

Eucaristía y Sagrado Corazón

Visitando al Santísimo Sacramento, vivo en cada Iglesia, el Sagrado Corazón de Jesús recibe adoración y amor de nuestra parte.

Eucaristía y Sagrado Corazón

La Eucaristía fue el regalo más hermoso y valioso del Sagrado Corazón de Jesús. La Eucaristía nos introduce directamente en el Corazón de Jesús y nos hace gustar sus delicias espirituales. En la Eucaristía, como en la cruz, está el Corazón de Jesús abierto, dejando caer sobre nosotros torrentes de gracia y de amor.

En la Eucaristía está vivo el Corazón de Cristo y en una débil y blanca Hostia, parece dormir el sueño de la impotencia, pero su Corazón vela. Vela tanto si pensamos como si no pensamos en Él. No reposa. Día y noche vela por nosotros en todos los Sagrarios del mundo. Está pidiendo por nosotros, está pendiente de nosotros, nos espera a nosotros para consolarnos, para hacernos compañía, para intimar con nosotros.

Hay por lo tanto una relación estrechísima entre la Eucaristía y el Sagrado Corazón. ¿Cuál es el mejor culto, la mejor satisfacción, la mejor devoción que podemos dar al Sagrado Corazón?

Participando en la Eucaristía, Jesús recibe de nosotros el más noble culto de adoración, acción de gracias, reparación y expiación.

Visitando al Santísimo Sacramento, vivo en cada Iglesia, el Sagrado Corazón de Jesús recibe adoración y amor de nuestra parte. Por eso está encendida la lamparita, símbolo de la presencia viva de ese Corazón que palpita de amor por todos.

Damos culto al Corazón de Jesús, haciendo la comunión espiritual, ya sea que estemos en el trabajo, en el estudio, en la calle. Es ese recuerdo, que es deseo profundo de querer recibir a Cristo con aquella pureza, aquella humildad y devoción con que lo recibió la Santísima Virgen. Con el mismo espíritu y fervor de los santos.

Haciendo Hora Santa, Jesús recibe también reparación. Cada pecado nuestro le va destrozando e hiriendo su divino corazón. Con la Hora Santa vamos reparando nuestros pecados y los pecados de la humanidad. Así se lo pidió Cristo a santa Margarita María de Alacoque en 1673 en Paray-Le-Monial (Francia).

También los primeros viernes de cada mes son ocasión maravillosa para reparar a ese corazón que tanto ha amado a los suyos y que no recibe de ellos sino ingratitudes y desprecios.

El culto al Sagrado Corazón de Jesús es la respuesta del hombre y de cada uno de nosotros al infinito amor de Cristo que quiso quedarse en la Eucaristía para siempre. Que mientras exista uno de nosotros no vuelva Jesús a quejarse: “He aquí el Corazón que tanto ha amado y ama al hombre y en respuesta no recibo sino olvido e ingratitud”.

Este culto eucarístico es la respuesta de correspondencia nuestra al amor del Corazón de Jesús, pues es en la Eucaristía donde ese corazón palpita de amor por nosotros.



P. Antonio Rivero LC.
Fuente: catholic.net

miércoles, 9 de junio de 2010

Encuentro Internacional de Sacerdotes en Roma

"Fidelidad de Cristo
Fidelidad del Sacerdote"

Encuentro sacerdotal en el Vaticano muestra “la belleza” del celibato

El cardenal Bertone a presbíteros de 70 países

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 9 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Los sacerdotes son hermanos de todo hombre y mujer, de este modo se explica "la belleza" del celibato, ha asegurado el cardenal Tarcisio Bertone SDB, ese miércoles por la tarde, en el Aula Pablo VI, en un encuentro de testimonios y reflexión dedicado a los presbíteros.

Los sacerdotes "son esencialmente hermanos entre los hermanos, en los cuales reconocen el rostro de Cristo. Hermanos de toda persona, de los hombres y mujeres, a los que deben amar y servir con total entrega, sin ningún apego, sin buscar el propio interés", explicó el secretario de Estado de Benedicto XVI.

"Se comprende así la actualidad y la belleza del celibato --ha añadido--. Y en vosotros esta belleza resplandece ese amor incondicional que siempre ha sido sumamente valorado por la Iglesia, como signo y estímulo de la caridad y como un manantial especial de fecundidad e el mundo".

La Iglesia y la humanidad "tienen necesidad de sacerdotes de este temple, de auténticos 'profetas de un mundo nuevo', ese mundo que comenzó con la venida de Cristo, en continuo devenir, en continua formación", aseguró.

El encuentro, en el que participaron miles de sacerdotes procedentes de 70 países, tenía por tema "Sacerdotes hoy", y ha sido organizado por sacerdotes del Movimiento de los Focolares, del Movimiento de Schoenstatt, de la Renoación Carismática Católica Internacional, y de otros movimientos eclesiales.

En el encuentro, se escuchó el testimonio de un sacerdote de Irlanda sobre la fidelidad a la vocación en este país que tanto ha sufrido a causa de los escándalos provocados por sacerdotes. Un sacerdote alemán testimonió la manera en que ha podido superar el alcoholismo gracias a la ayuda de su comunidad.

Luego resonó el testimonio teológico del cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo de Chile, junto a la evocación de algunas páginas escritas por Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, y el padre Josef Kentenich, fundador de Schoenstatt.

El encuentro, que formaba parte de las celebraciones conclusivas del Año Sacerdotal que han comenzado este miércoles y continuarán el viernes, se dividió en tres momentos que buscaban presentar el perfil del sacerdote de hoy: hombre de Dios; hermano entre los hermanos en el único pueblo; profeta de un mundo nuevo.

Cada una de estas tres etapas fue introducida por pasajes de un vídeo del encuentro que mantuvo Benedicto XVI con sacerdotes el 25 de julio de 2005 en Aosta.

La intervención del cardenal Bertone cobró un carácter testimonial cuando reconoció que "en este tiempo, hemos tenido que cargar con el dolor por la infidelidad, en ocasiones grave, de algunos miembros del clero, que han tenido una influencia sumamente negativa en la credibilidad de la Iglesia".

Por este motivo, recordó, cuando Benedicto XVI conversó con los periodistas en el vuelo que le llevaba a Portugal habló "de una 'persecución' que nace dentro de la misma Iglesia" (Cf. 11 de mayo de 2010).

"De este dolor surge una toma de conciencia providencial --añadió Bertone citando la Carta pastoral de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda--: es necesario vivir 'una época de renacimiento y renovación espiritual', seguir 'con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación', 'encontrar nuevos modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia'".


martes, 8 de junio de 2010

Año Sacerdotal Especial




Queridos hermanos:


La Iglesia ha gozado de una inmensa alegría por el Año Sacerdotal especial convocado por el Santo Padre Benedicto XVI, y debemos dar gracias a Dios.

Fue un año de oración y de reconocimiento al trabajo de nuestros Presbíteros. Hemos reflexionado sobre la vocación sacerdotal, hemos orado por la santidad de nuestros presbíteros y por el surgimiento de nuevas vocaciones para el ministerio ordenado.

Sigue siendo necesario que los jóvenes y los chicos estén atentos a si el Señor los invita a un don más grande, en el camino al sacerdocio ministerial. Nos ha acompañado la figura del Santo Cura de Ars, a quien hemos orado y recibido su visita con la peregrinación de una reliquia suya por nuestras comunidades.

Ahora, llegando a la conclusión de este año especial, queremos dar gracias a Dios por este tiempo privilegiado de oración y de reflexión sobre el sacerdocio que hemos vivido. Por ello los invito, en primer lugar a los sacerdotes, para el próximo viernes 11 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a partir de las 15,00 hs, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús (Ciudad Sede), a una Hora Santa, por todas estas intenciones. Luego, desde las 16,00 hs. tendremos la procesión y la misa, coincidiendo con la fiesta patronal de la parroquia y la celebración del centenario de su creación. Les agradezco que hagan extensiva esta invitación a sus fieles.

A quienes no puedan concurrir, especialmente desde el interior, los animo a tener un momento especial de oración junto a su comunidad para dar cierre a este año especial.

Que este año sacerdotal sea un nuevo inicio para seguir en el ejercicio de nuestra misión en la Iglesia y en el mundo, con renovada alegría y con el convencimiento de que el Buen Pastor, permanece con nosotros.

Con mi afecto y bendición en Cristo Sacerdote.


Mons. José María Arancedo

Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz

lunes, 7 de junio de 2010

Benedicto XVI: La Eucaristía resume a Cristo y su misión

Homilía de la Solemnidad de “Corpus Christi”

* * * * *

Queridos hermanos y hermanas

El sacerdocio del Nuevo Testamento está estrechamente ligado a la Eucaristía. Por esto hoy, en la solemnidad del Corpus Domini y casi al término del Año Sacerdotal, somos invitados a meditar sobre la relación entre la Eucaristía y el Sacerdocio de Cristo. En esta dirección nos orientan también la primera lectura y el salmo responsorial, que presentan la figura de Melquisedec. El breve pasaje del Libro del Génesis (cfr 14,18-20) afirma que Melquisedec, rey de Salem, era “sacerdote del Dios altísimo”, y por esto “ofreció pan y vino” y “bendijo a Abraham”, que volvía de una victoria en la batalla; Abraham mismo le dio el diezmo de todo. El salmo, a su vez, contiene en la última estrofa una expresión solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mesías: “Tú eres sacerdote para siempre a semejanza de Melquisedec” (Sal 110,4); así el Mesías es proclamado no sólo Rey, sino también Sacerdote. De este pasaje parte el autor de la Carta a los Hebreos para su amplia y articulada exposición. Y nosotros lo hemos recogido en el estribillo: “Tu eres sacerdote para siempre, Cristo Señor”: casi una profesión de fe, que adquiere un particular significado en la fiesta de hoy. Es la alegría de la comunidad, la alegría de la Iglesia entera, que contemplando y adorando al Santísimo Sacramento, reconoce en él la presencia real y permanente de Jesús sumo y eterno Sacerdote.

La segunda lectura y el Evangelio llevan en cambio la atención al misterio eucarístico. De la Primera Carta a los Corintios (cfr 11,23-26) se ha tomado el pasaje fundamental en el que san Pablo recuerda a esa comunidad el significado y el valor de la “Cena del Señor”, que el Apóstol había transmitido y enseñado, pero que corría el riesgo de perderse. El Evangelio en cambio es el relato del milagro de los panes y de los peces, en la redacción de san Lucas: un signo atestiguado por todos los evangelistas y que preanuncia el don que Cristo hará de sí mismo, para dar a la humanidad la vida eterna. Ambos textos ponen de relieve la oración de Cristo, en el momento de partir el pan. Naturalmente, hay una diferencia clara entre los dos momentos; cuando reparte los panes y los peces a la multitud, Jesús da gracias al Padre celestial por su providencia, confiando en que Él no hará faltar el alimento a toda aquella gente. En la Última Cena, en cambio, Jesús transforma el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los discípulos puedan nutrirse de Él y vivir en comunión íntima y real con Él.

La primera cosa que hay que recordar siempre es que Jesús no era un sacerdote según la tradición judaica. La suya no era una familia sacerdotal. No pertenecía a la descendencia de Aarón, sino a la de Judá, y por tanto legalmente le estaba excluida la vía del sacerdocio. La persona y la actividad de Jesús de Nazaret no se colocan en la estela de los sacerdotes antiguos, sino más bien en la de los profetas. Y en esta línea, Jesús tomó distancia con una concepción ritual de la religión, criticando la postura que daba mayor valor a los preceptos humanos ligados a la pureza ritual más que a la observancia de los mandamientos de Dios, es decir, al amor de Dios y al prójimo, que como dice el Evangelio, “vale más que todos los holocaustos y sacrificios” (Mc 12,33). Incluso dentro del Templo de Jerusalén, lugar sagrado por excelencia, Jesús lleva a cabo un gesto exquisitamente profético, cuando expulsa a los cambistas y a los vendedores de animales, cosas todas que servían para la ofrenda de los sacrificios tradicionales. Por tanto, Jesús no es reconocido como un Mesías sacerdotal, sino profético y real. También su muerte, que nosotros los cristianos llamamos justamente “sacrificio”, no tenía nada de los sacrificios antiguos, al contrario, era totalmente lo opuesto: la ejecución de una condena a muerte, por crucifixión, la más infamante, sucedida fuera de los muros de Jerusalén.

Entonces, ¿en qué sentido Jesús es sacerdote? Nos lo dice precisamente la Eucaristía. Podemos volver a partir de esas sencillas palabras que describen a Melquisedec: “ofreció pan y vino” (Gn 14,18). Y esto es lo que hizo Jesús en la Última Cena: ofreció pan y vino, y en ese gesto se resumió totalmente a sí mismo y a su propia misión. En ese acto, en la oración que lo precede y en las palabras que lo acompañan está todo el sentido del misterio de Cristo, tal y como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: “Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal – escribe el autor, refiriéndose a Jesús – ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec” (5,8-10). En este texto, que claramente alude a la agonía espiritual del Getsemaní, la pasión de Cristo se presenta como una oración y como una ofrenda. Jesús afronta su “hora”, que lo conduce a la muerte de cruz, inmerso en una profunda oración, que consiste en la unión de su propia voluntad con la del Padre. Esta doble y única voluntad es una voluntad de amor. Vivida en esta oración, la trágica prueba que Jesús afronta es transformada en ofrenda, en sacrificio viviente.

Dice la Carta que Jesús “fue escuchado”. ¿En qué sentido? En el sentido de que Dios Padre lo liberó de la muerte y lo resucitó. Fue escuchado precisamente por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el designio de amor de Dios ha podido realizarse perfectamente en Jesús, que, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en cruz, se ha convertido en “causa de salvación” para todos aquellos que le obedecen. Se ha convertido en Sumo Sacerdote por haber tomado Él mismo sobre sí todo el pecado del mundo, como “Cordero de Dios”. Es el Padre el que le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jesús atraviesa el paso de su muerte y resurrección. No es un sacerdocio según el ordenamiento de la ley mosaica (cfr Lv 8-9), sino “según el orden de Melquisedec”, según un orden profético, dependiente sólo de su relación singular con Dios.

Volvamos a la expresión de la Carta a los Hebreros que dice: “aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia”. El sacerdocio de Cristo comporta el sufrimiento. Jesús ha sufrido verdaderamente, y lo ha hecho por nosotros. Él era el Hijo y no tenía necesidad de aprender la obediencia, pero nosotros sí, teníamos y tenemos necesidad siempre de ella. Por ello el Hijo asumió nuestra humanidad y se dejó “educar” por nosotros en el crisol del sufrimiento, se dejó transformar por él, como el grano de trigo que para dar fruto debe morir en la tierra. A través de este proceso Jesús ha sido “perfeccionado” , en griego teleiotheis. Debemos detenernos en este término, porque es muy significativo. Éste indica el cumplimiento de un camino, es decir, precisamente el camino de educación y transformación del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasión dolorosa. Es gracias a esta transformación que Jesucristo se ha convertido en “sumo sacerdote” y puede salvar a todos aquellos que se confían a Él. El término teleiotheis, traducido justamente como “hecho perfecto”, pertenece a una raíz verbal que, en la versión griega del Pentateuco, es decir, los primeros cinco libros de la Biblia, se usa siempre para indicar la consagración de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy precioso, porque nos dice que la pasión fue para Jesús como una consagración sacerdotal. Él no era sacerdote según la Ley, pero lo ha llegado a ser de forma existencial en su Pascua de pasión, muerte y resurrección: se ofreció a sí mismo en expiación y el Padre, exaltándolo por encima de toda criatura, lo ha constituido Mediador universal de salvación.

Volvamos, en nuestra meditación, a la Eucaristía, que dentro de poco estará en el centro de nuestra asamblea litúrgica. En ella Jesús anticipó su Sacrificio, un Sacrificio no ritual, sino personal. En la Última Cena Él actúa movido por ese “espíritu eterno” con el que se ofrecerá después sobre la Cruz (cfr Hb 9,14). Dando las gracias y bendiciendo, Jesús transforma el pan y el vino. Es el amor divino que transforma: el amor con que Jesús acepta por anticipado darse completamente a sí mismo por nosotros. Este amor no es otro que el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo Sacrificio que se realiza después de forma cruenta en la Cruz. Podemos por tanto concluir que Cristo fue sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Espíritu Santo, estaba lleno de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente “en la noche en que fue traicionado”, precisamente en la “hora de las tinieblas” (cfr Lc 22,53). Es esta fuerza divina, la misma que realizó la Encarnación del Verbo, la que transforma la extrema violencia y la extrema injusticia en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio común de los bautizados y del ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos nutrimos de la misma Eucaristía, todos nos postramos a adorarLa, porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, está presente el verdadero Cuerpo de Jesús, Víctima y Sacerdote, salvación del mundo. ¡Vengan, exultemos con cantos de alegría! ¡Vengan, adoremos! Amén.